IMPRESIONES
Qué fue de Superman

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión24-07-2013
Superman es un icono histórico. En su identificación con troda una época residió su fuerza… y allí está también su debilidad. Como con Kripton y la kriptonita. Superman fue el símbolo de una generación -tal vez de varias- marcada por unos valores que entraron en crisis hace ya décadas. En el último cuarto del siglo XX no hemos creído en los héroes. Y Michael Ende nos enseñó en La historia interminable que el país de Fantasía muere cuando mueren los sueños de los hombres. Después de dos guerras mundiales y de la crisis del progreso, del comunismo, del capitalismo, del estado de bienestar y hasta de las democracias liberales… que no nos vengan con héroes, utopías o ideales perfectos e imposibles. Es tiempo de antihéroes. De héroes que no lo parecen, que lo son a pesar suyo, que no reúnen condiciones personales para serlo, que se ven obligados por la circunstancias. En tiempos de 15M, de sobres y trajes, de política, periodismo y justicia de estrechas miras, de dinero negro –tanto de magnates como de fontaneros-… que no nos vengan con moralinas baratas, propuestas intachables, personajes puros, superioridades raciales -o planetarias-, moralinas baratas… Vivimos en tiempos propicios para personajes oscuros como Batman o Lobezno, quizá incluso para guasones como Spiderman o gamberros buenos como Ironman, pero, ¿Superman? La idiosincrasia del personaje, de una utopía inocentona, nos hace oscilar entre la la ternura y la risa burlona. Ojo, no es que la propuesta del personaje esté agotada. Es que, desde nuestra óptica, desde la altura -o bajura- de nuestro tiempo, su encarnación anterior resulta difícilmente digerible, y parece que no hemos encontrado el tono adecuado de lo que el personaje puede decirnos hoy. El problema no lo tiene el bueno de Superman, sino quienes han tratado de actualizar el personaje quedándose en lo circunstancial, en lo que fue destacable en una época pero que no es relevante hoy. La grandeza de Superman no está en el super que le hace más fuerte que nosotros. Tampoco está en su opción moral, que le hace más bueno que nosotros. La grandeza de Superman está en el coste personal de sus decisiones. Eso es lo que lo hace como nosotros… si es que nosotros estuviéramos dispuestos a sumir el coste de esas decisiones. Su fortaleza es moral, no sólo en el sentido de elegir lo mejor, sino, sobre todo, en el de afrontar el coste personal que eso supone. Eso es lo que no puede soportar ni entender nuestro tiempo. Y por eso dibujamos un Superman tan superficial –lo siento, no lo arregla el berrido final junto al cadáver del malo- como el de la última versión cinematográfica.






