SIN CONCESIONES
Moción de censura

Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión22-07-2013
Los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía. Lo decía a menudo un jefe que me dejó huella por las reflexiones intelectuales que regalaba en el momento más inesperado y del que aprendí -y sigo aprendiendo- muchas claves de cómo funcionan la política y los políticos. Siempre pensé que los esfuerzos nunca son inútiles porque hasta en la mayor de las derrotas y la más grande de las frustraciones se extraen valiosas lecciones. Pero sí es cierto que, en algunas ocasiones, los esfuerzos resultan inútiles e incluso conducen al más profundo de los abismos. Presentar una moción de censura contra un Gobierno con mayoría absoluta de 185 diputados es tan inútil como absurdo. El rodillo del Partido Popular condena al fracaso cualquier intento de derrocar a Mariano Rajoy de La Moncloa. Si el aspirante a destronarle es Alfredo Pérez Rubalcaba, la tentativa es aún más complicada por el proceso en sí que entraña. Es fácil de entender. La moción de censura es en realidad un sistema parlamentario para cesar y nombrar al mismo tiempo un nuevo presidente. No se votaría echar a Rajoy del Gobierno, cosa que muchos españoles anhelan. La votación sería en realidad para investir presidente a Rubalcaba, lo que desean muy poquitos ciudadanos. El propio sistema de votación lo pone aún más complicado para el PSOE. Casi todos los partidos con presencia en el Congreso de los Diputados estarían de acuerdo en echar a Rajoy, posiblemente con la única excepción de UPN. En cambio, muy pocos respaldarían el nombramiento de Rubalcaba como nuevo presidente. Y eso es precisamente lo que se votaría. Porque la moción de censura es en realidad un debate de investidura a mitad de legislatura. Rubalcaba pasaría del protagonismo valiente a la melancolía inútil en apenas 48 horas, las que durase la contienda retórica. En Portugal el conservador Pedro Passos Coelho gobierna en minoría y ha sufrido ya cinco mociones de censura. Es un síntoma de debilidad y cuestionamiento absoluto, pero aún así ha superado todas. Para Rajoy la moción de censura sería apenas una distracción mediática en pleno escándalo Bárcenas, por mucho revuelo político que causara. Lo que realmente le haría daño sería una cuestión de confianza, en la que sí se reflejaría su soledad parlamentaria. Pero ese escenario nunca se dará porque Rajoy difícilmente cometería el error de ponerse él mismo contra las cuerdas. Por lo tanto, la moción de censura suena más a epitafio de Rubalcaba que a ocaso de Rajoy. Parece el último esfuerzo inútil antes de sucumbir al destino, a su propio partido y de ceder el mando a otro líder que ponga fin a la melancolía y devuelva la esperanza al PSOE.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






