ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Color de piel

Por Almudena Hernández
3 min
Sociedad24-07-2013
Parece que algunos temas son cíclicos, que el hombre no aprende de sus más graves errores y que, cuando la injusticia se mete donde no le importa, las calles acaban llenándose de gritos y pasión desmedida. El aliento le ha dado de sí al anciano Nelson Mandela para celebrar su cumpleaños, y Sudáfrica ensalza a su líder porque ha sido, más que un héroe, un símbolo que ha ayudado a muchos. Pero la verdad histórica no tiene por qué coincidir con la periodística ni la jurídica, ni todas estas juntas son el todo de la Verdad. La trayectoria de Mandela, el primer negro que dirigió Sudáfrica, tiene muchas luces, pero también sombras, tantas como su ajetreada vida familiar y de lucha social. Mandela batalló contra el apartheid, esa política de segregación racial que tanto daño hizo a muchos en su país, que impuso el color de la piel ante los derechos humanos, pero la llamada a la desobediencia civil y a la no violencia que pidió Mandela finalmente se adentró en la llamada a las armas. Su “carta de libertad” proclamaba que todos los hombres serían iguales ante la ley, como también lo gritó a los cuatro vientos en Washington otro negro emblemático: Martin Luther King. El famoso discurso del “tuve un sueño” de un verano de hace cincuenta años fue una bandera de los derechos civiles que aún ondea para muchos. Pero, por desgracia, a juzgar por la realidad, muchos de los sueños humanos se quedan en utopías. Ya lo había avisado Calderón de la Barca siglos atrás. Pero parece que también cayó en saco roto. El caso Zimmerman, las triquiñuelas que permite la justicia en el presunto país de las libertades, ha tomado forma de disturbios raciales en varias ciudades norteamericanas. La situación ha llegado a tal punto que ha tenido que salir al estrado el propio Barack Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos. Pero las comparaciones siempre son odiosas y todas las personas idolatradas tienen luches y sombras, aunque como Mandela también Obama haya estudiado derecho y recibido el Nobel de la Paz... De menos es la frase populista de que si Obama tuviese un hijo se parecería a la víctima del agente de seguridad que presuntamente mató al adolescente negro Trayvon Martin en Florida. A gran parte de la sociedad norteamericana le escuece que Zimmerman haya alegado, porque lo permite la ley, que fue en propia defensa y que se le haya declarado no culpable. Lo de más es que, aunque pasen los años, los principios de igualdad y justicia se los lleve el viento. Y que la Verdad no se parezca, ni de lejos, a la realidad periodística, ni a la jurídica o a la histórica. Si no, no se sostendrían las declaraciones de las respectivas madres de Martin y Zimmerman, que han asegurado escuchar la voz de sus propios hijos en una única grabación en la que alguien pide ayuda a emergencias en el momento de los hechos. La verdad nunca debería ser según el color del cristal con que se mire o el tono de piel de quien asegure decirla. No lo aprendemos.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






