CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR
‘Leo, leo’

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión21-04-2002
Era un gran sobre marrón común, cogido un día cualquiera del buzón de siempre a la hora habitual. Como de costumbre, era para mi padre, de una encuadernadora. Pero tal vez el tacto, el sonido del papel arrugado, el olor abarquillado o quizá el tono de marrón me llevó a golpe de flash al Leo, leo que recibía en esta misma casa hace más de 15 años. Quizá no fue el color, ni el olor ni el sonido ni el contacto ni la hora ni el buzón ni el día ni el sobre. Quizá la cabeza rescató ese recuerdo como recupera otros: mediante una misteriosa asociación entre realidades aparentemente irreconciliables. O conciliables pero no conciliadoras, como cuando mi madre le expresó con naturalidad en una sala de espera a una mejer de color que “le ha tocado a usted la negra”. Como cuando le respondió inocentemente en el autobús a una mujer de pierna escayolada: “hija, es que has tenido muy mala pata”. No encontré ningún Leo, leo en casa. Están en el trastero. Pero después de mucho trepar por los estantes de varias habitaciones llegué hasta algunos libros y tebeos de la época. Fueron estos últimos los que me escupieron otro flashazo a los ojos: la pila de cómics que me traía mi tío y me racionaban mis padres -eso creían ellos, ¡mal escondite era su dormitorio!-. Los abrí esta vez con un respeto sagrado, tal vez por el olor del polvo, por el quejido del papel viejo, por la visión del pasado o por el recuerdo de la etapa verdaderamente más cara: la infancia. Héroes y antihéroes, caballeros y dragones, buenos y villanos, maestros y misiones que cumplir... cuánta vida encerrada en esas páginas. Cuánta vida debida a esas páginas. El periódico de ayer descansa virgen sobre la mesa. Nadie lo tomó porque no encierra ningún tesoro, sólo muertes de vivos y vidas muertas. Es mantel para comida, merienda, cena. Pasto de reciclaje tras ser arrancado el cupón de turno, el pasaporte que le permitió abandonar el quiosco. Leo, leo, pero ya no leo prensa. Culpa de caballeros, pero también de trovadores.






