ANÁLISIS DE DEPORTES
Despedidas sonadas (que no soñadas)

Por Alejandro G. Nieto
2 min
Deportes20-02-2011
El balón rodó lánguido y entristecido por los campos de medio mundo este fin de semana, pues apenas unas horas antes del comienzo de la jornada futbolística hubo de decir adiós a uno de los jugadores que con más delicadeza lo han tratado. Ronaldo Nazario de Lima no volverá a mimar pelota alguna, al menos en el fútbol profesional, pues la edad, el cansancio y las lesiones le han llevado a poner fin a su brillante carrera futbolística. Tras de sí deja una infinidad de goles impropios de alguien humano, una envidiable lista de títulos y un acalorado debate sobre si es o no el mejor delantero de la historia. El simple hecho de que se plantee tal discusión evidencia la grandeza alcanzada por O Fenomeno en sus 18 temporadas como profesional. Su currículum posee mayor mérito teniendo en cuenta que sus rodillas le trataron con una crueldad infinita. De no ser por ellas, habría escrito, muy probablemente, récords que hubieran perdurado por años. Nadie olvidará su gol al Compostela, su brillante Mundial de Corea y Japón ni su resurrección futbolística en el Real Madrid. Ronaldo marcó una época, y lo más triste de todo es que con él se va definitivamente -salvo la excepción del incansable Roberto Carlos- una generación, la del Madrid de Zidane, que practicó el juego más vistoso que seguramente jamás haya disfrutado el Santiago Bernabéu. Otra sonada despedida ha tenido lugar en el Mundial de Fórmula 1. El Gran Premio de Bahrein ha dicho adiós a la temporada sin que haya dado tiempo siquiera a empezar a calentar los motores. Dada la situación que vive actualmente el país, el sentido común aconsejaba cancelar una prueba en la que no se podía garantizar la seguridad ni del público ni de los protagonistas. Bastante tiene ya el país, que dirime la batalla por la libertad y los derechos civiles más importante de su historia, como tener que recibir una cita del Mundial. Ojalá sea para bien y el año que viene vuelva la Fórmula 1 a un Bahrein más justo, en el que el pueblo sea dueño de su destino.






