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SIN CONCESIONES

Los milagros se hacen realidad

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura4 min
Opinión21-02-2011

Entró en el hospital un 22 de septiembre para una cirujía menor. Todo parecía muy fácil y rápido de resolver. La doctora se mostró optimista al término de la operación. "Ha salido bien", comentó orgullosa pese a que la timidez le hacía sufrir cada vez que daba explicaciones cara a cara a los familiares de los pacientes. Esa inseguridad se puso de manifiesto cuando cinco días después anunció que había que volver a operar. Habían surgido complicaciones pero no fue capaz de decir la verdad hasta que a las dos de la madrugada terminó con el bisturí. Entonces, llegó el shock. Una gran infección amenazaba con llevarse la vida de quien pocas horas antes me había estrechado la mano cuando Di María marcó el gol de la victoria ante el Auxerre. Aquello parecía una señal de que nunca más volveríamos a abrazarnos y de que esa casualidad era un bonito legado para la eterna memoria. Entonces me dieron una flor y aquello me hizo recordar el calendario. Era 29 de septiembre, festividad de San Miguel. Aún recuerdo la primera vez que entramos en la UVI, todos juntos y en silencio. Horas después llegó la segunda, la tercera, la cuarta... y así hasta más de dos meses interrumpidos únicamente por un oasis de esperanza que acentuó aún más el sufrimiento. Cada mañana y cada tarde entraba en el hospital aferrado a la esperanza, con el ánimo de contagiar a mi familia para que perseverasen en la fe. Mis rezos salían a todas horas en forma de cántico. Nada más levantarme a las seis de la mañana, al salir de la radio dos horas después, al mediodía camino de la UVI, en los pasillos durante las larguísimas esperas antes de hablar con los médicos... y repetía el recital por la tarde, incluso de vuelta por la noche a casa y al meterme en la cama. Pedía "consuelo" al arcángel con el deseo de que tuviéramos una segunda oportunidad. Con el adviento llegaron las primeras buenas noticias. Regresar a la habitación del hospital parecía de por sí un sueño hecho realidad. Las lágrimas fluyeron de agradecimiento a Dios en Nochebuena por compartir la ilusión de la Navidad aunque fuese entre enfermeras. En Nochevieja se dio un atracón de uvas tras meses sin comer. Días después comenzó a andar. El día de Reyes, no me importaban los regalos porque el que más deseaba estaba entre nosotros. Semanas después llegó mi cumpleaños, quizá el más triste en tres décadas, pero a la vez el más ilusionante porque fue el primero en llamarme muy temprano. Ese día lloré como ninguno. Y así hasta el viernes pasado. Casi cinco meses después abandonó el hospital y regresó a casa. Llegó el momento con el que tantas veces soñamos y que no pocas vislumbramos imposible. Al fin, realidad. No nos gusta sufrir. A ninguno. Pero los seres humanos crecemos en la adversidad, nos hacemos más fuertes en los malos momentos y demostramos nuestra esencia cuando nos amenaza el tormento. Sentir que pierdes a alguien querido puede empujarte al precipio de la vida o afianzarte en la esperanza de la fe, puede volverte loco si entras en la espiral de preguntarte el porqué o puede despertarte la conciencia si afrontas el para qué, puede conducirte al odio por desesperación o al amor más sincero que hayas sentido por el otro. Hace cinco meses daba gracias a Dios por cada hora que transcurría sin importarme la angustia, ahora doy gracias incluso por lo que he aprendido de mí mismo y de los demás en medio del sufrimiento. Me siento privilegiado porque se ha hecho realidad el milagro por el que tantó recé y en el que tantos me acompañaron estos meses. A la vez me da pena que otros no tengan la misma suerte. De vez en cuando, aún me pregunto por qué él, por qué nosotros, por qué yo. Entonces miro a mi alrededor, me quedó sin respuestas y vuelvo a dar gracias: a Dios, a San Miguel, a los que transmitieron el consuelo, a los que preguntaban por compasión, a todos. A ellos y a los que siguen sufriendo hoy puedo decirles que los milagros existen y se hacen realidad. La vida, a veces, nos da una segunda oportunidad. Hay que aprovecharla.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito