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ANÁLISIS DE ECONOMÍA

Inversiones de riesgo

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía20-02-2011

Ha llovido mucho desde Gescartera y parece que aún no hemos aprendido a poner una duda razonable sobre todo aquello de ofrece duros a cuatro pesetas (o euros a 80 céntimos, si convertimos el refrán en su versión post-2002). Cuando aún teníamos fresco en la memoria el escándalo de los sellos de Fórum y Afinsa, hubo inversores que creyeron aquellos anuncios de televisión que ofrecían una rentabilidad del 10 por ciento cuando los plazos fijos de las entidades bancarias daban menos de la tercera parte. Los creyeron y ahora se encuentran con que las empresas de Ruiz-Mateos hacen aguas por segunda vez. Y no bastará que el mencionado sujeto se ofrezca a pegarse un tiro para reparar la afrenta, que no estamos en el siglo de oro; y tal vez no sea suficiente que su familia venda hasta su última propiedad para subsanar los daños que han causado, cuando por delante de la gente que compró con confianza ciega los pagarés de Nueva Rumasa estarán para cobrar la Seguridad Social y el Fondo de Garantía Salarial para asegurar que los empleados cobren sus sueldos. Ruiz-Mateos no es el primero ni el único empresario que en esta crisis tiene problemas. Pero el problema más grave es que de esta situación todos tenemos un poco de culpa. Ruiz-Mateos, por supuesto, por no llevar sus negocios con la transparencia y las técnicas adecuadas para evitar estas circunstancias, por el momento, pre-concursales. También la tenemos los ciudadanos que entregamos nuestro capital fiándonos de que todo lo que sale por televisión está garantizado (o que todo lo que sale en los periódicos es verdad, porque lo dice la prensa). Quienes trabajamos en los medios sabemos que no somos infalibles, que los periodistas nos podemos equivocar como cualquier ser humano, y que lo que contamos no puede ir a misa porque no somos dioses. Y, desde luego, la publicidad es aún menos rigurosa: quiere vender y se fija únicamente en lo positivo. El anuncio de Nueva Rumasa no iba a subrayar los peligros, sino, lógicamente, a obviarlos. Finalmente, el Gobierno no se escapa de la quema. Y es que su papel no es, como están insistiendo muchos estos días, ir detrás de cada inversor como si fuera su padre para decirle: “Niño, no, esto caca”. El Gobierno no podía vocear a los cuatro vientos que la oferta de Ruiz-Mateos era un engaño: los enemigos del intervencionismo estatal pondrían el grito en el cielo. Pero la función de un Gobierno sí es informar y formar a sus ciudadanos, y no habría estado de más una buena campaña sobre las características de las diferentes opciones inversoras que hay en el mercado para que cada uno decida con libertad. La cuestión es que con Nueva Rumasa todos hemos sido libres para ejercer una actividad empresarial, para creer a pies juntillas o para mirar para otro lado. Ahora nos toca ser responsables de las decisiones que, amparados en nuestra libertad, tomamos con todas las consecuencias.

Fotografía de Gema Diego