ANÁLISIS DE DEPORTES
De competiciones y competencias

Por Alejandro G. Nieto
2 min
Deportes16-01-2011
Ahora que el temporal en la guerra por los derechos televisivos del fútbol había amainado, calmados Mediapro y Sogecable por un concurso de acreedores y el inicio de la competición, el Gobierno de Canarias ha levantado las espadas en duelo contra la Liga y las televisiones. El Tenerife – Las Palmas de la próxima jornada de la Liga Adelante, si nadie lo evita, se emitirá en abierto por deseo del presidente de la comunidad. Y Canal+, que había escogido ese partido para retransmitirlo el domingo por la mañana, perderá uno de los choques más atractivos del calendario. El asunto cobra relevancia porque la decisión del ejecutivo canario se acerca mucho, a simple vista, a una cacicada. Las comunidades autónomas no poseen, según la ley, competencia para determinar qué partidos son de interés general. Y el gobierno que dirige Paulino Rivero se ha tomado la licencia de adjudicarse esa potestad con total impunidad, adoptando una medida populista que solo servirá para avivar la controversia en los siempre espinosos litigios sobre los derechos televisivos del fútbol. Con las vergonzosas cantidades de dinero que pagan Mediapro y Sogecable por televisar el deporte rey, lo último que van a consentir es que por ganar unos cuantos votos cualquier gobierno autonómico de turno pueda chafarles las retransmisiones más interesantes. Sobre todo cuando ese tipo de partidos no se acerca ni por asomo a lo que la ley reconoce como acontecimientos de interés general. Lo lógico es que los jueces actúen rápido y paren los pies a Rivero y compañía, porque de lo contrario en el futuro surgirán graves problemas en situaciones similares, cada vez que se dispute un derbi regional. Si los canarios quieren ver el partido y no tienen Canal+, que vayan al bar, como el resto de los mortales. El aficionado de a pie debe entender que las televisiones son las que sostienen económicamente la Liga. Por ello, en infinidad de ocasiones, las decisiones impopulares son justas y necesarias para el futuro de la competición. Si obligamos a dar en abierto todo acontecimiento deportivo que tenga un mínimo interés, las plataformas de pago se quedarán sin partidos que ofrecer, y su quiebra supondría el final de la Liga tal y como la conocemos.






