ANÁLISIS DE SOCIEDAD
El vecino es santo

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad16-01-2011
Aunque resulte difícil de creer, aunque parezca que no se lleva, que es algo anacrónico, que no pega con el resto de la sociedad, que no puede considerarse "normal" y otras tantos peros, hay personas que de mayores quieren ser santos, que se lo proponen todos los días -y se les nota- y que, además, lo dicen con todas las letras: "Yo de mayor quiero ser santo". Todos conocemos algún ejemplo de personas extremadamente buenas. Pero el asunto va a mayores cuanto algunos se presentan con esa tarjeta de visita, que los hay. Y el entrecomillado mueve la conciencia, a poquito que uno la tenga entrenada. Hace apenas unos días se anunció que para mayo será santo Juan Pablo II, el papa polaco que revolucionó el mundo con sus viajes, que llenó estadios como los más preciados ídolos de masas, que recorrió el planeta varias veces durante un cuarto de siglo. Y será santo porque la Iglesia ha reconocido y comprobado méritos para que ascienda a los altares. "Lo que atares en la Tierra...", le dijeron una vez a un tal Pedro, casualidades de la vida. La repercusión a la noticia no se ha hecho esperar. Muchas críticas ha habido, algunas con más razón que otras, pues como hombre el tal Karol tropezó y se equivocó pero más quisera este mundo enredado en ríos de tinta y píxeles que albergar de nuevo a muchos Wojtyla, por muy malito que dicen que fue. Está todo escrito, absolutamente todo. En muchos casos es cuestión de creer, de al menos querer meter las manos en la herida como alguna vez hizo algún discípulo de un tal Jesús, o de pegarse una torta desde lo alto del caballo. Algunos nos vamos haciendo mayores sin saber qué seremos en realidad cuando lleguemos a viejos. Y caen los años como los creyentes pasan entre sus dedos las cuentas de un rosario. Pero, por lo menos, contagiados por ese relativismo del "todo puede ser", dejemos una puerta abierta a la duda: ¿Y si lo mejor que el hombre puede ser es intentar ser santo? ¿Y si es verdad que Juan Pablo II lo es al margen de que lo declare o no la Iglesia? Lo que resulta indudable es que el papa polaco provocó que muchas personas, de los lugares más recónditos del planeta, se planteasen acompañarle en los altares. Y una cree en que habrá más de uno compartiendo hornacina con el malo de Wojtyla. Menudo vecindario.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






