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El periodista universal

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión11-10-2010

"En medio de la marabunta que supone una revolución tecnológica acelerada, unos procesos de concentración que hacen de los media la punta del capitalismo global, y de unos accesos a la información cada vez más amplios e indiscriminados, conviene, de vez en cuando, pararse y volver al principio. A los principios. Esto es lo que hace El periodista universal, de David Randall". Así presentaba Joaquín Estefanía esta manual para periodistas escrito en 1996, pero de plena actualidad. Me lo recomendaron durante la carrera grandes de la profesión como Félix Madero y Gabriel Sánchez. En seguida supe que algo grande debían contener sus páginas, y lo cierto es que algo grande siguen contienen aún hoy. De ahí el título: periodista , de ayer, hoy y siempre. Randall describe el momento en que se dio cuenta de que sólo existen dos tipos de periodismo. Fue cuando le invitaron a hablar del periodismo ruso. Después de pensarlo durante un tiempo explicó: no hay periodismo ruso, latino o anglosajón; no hay periodismo amarillo, rosa o serio; no lo hay moderno ni antiguo. Sólo hay dos tipos de periodismo: el bueno y el malo. Frente a esta "necesidad" de mentir alimentada por el afán de alcanzar la gloria de algunos periodistas, por la carrera de las audiencias, o por la sed de buenas historias que tienen los dirigentes de los grandes medios, surge la propuesta de Randall: un "compendio de humildad" que redescubre un periodismo humilde, inocente, basado en la confianza mutua entre el periodista y sus lectores y dedicado al mejor ejemplo que propone en el libro: el del reportero -no columnista, ni analista, ni estrella de la TV- John Merritt. El buen periodismo tiene una clara base ética. "La nueva ética", que dice Randall. En ella apuesta por relegar a un segundo plano los principios, tan difíciles de cumplir al quedar limitados por el propio redactor y sus capacidades, por su empresa, por sus lectores e, incluso, por la situación política. Frente a los "utópicos" principios, aparece con fuerza el sentido de la responsabilidad, de la confianza entre el lector y el periodista, y el de la prudencia (no hablar de lo que no se conoce, no aceptar regalos, etc.) El criterio de veracidad lo tiene presente Randall, además de en la ética, en la profesionalidad. De esta profesionalidad debe desprenderse, además, la claridad, la concisión y el "dejar que los hechos hablen por sí solos". Esta es la batalla del profesional que plantea Randall: huir de los adornos, de expresiones de moda, de las redundancias y de los clichés. Recurrir a los hechos, que por ellos mismos ya son noticia, y buscar una auténtica creatividad más allá de imitaciones cómodas y de lugares comunes. Ese estilo, esa experiencia de lo que se habla, incluso esas citas de grandes periodistas que abren y cierran cada capítulo, hace de este manual un manual de periodistas, y no de periodismo. Un manual para esos reporteros John Merritt que tienen que lidiar contra el poder establecido y ser leales sólo a sus lectores. "Se dice -cuenta Tehyi Hsieh- que una máquina puede realizar el trabajo de 50 hombres comunes. Pero no hay ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un solo hombre extraordinario". Periodistas así son los que transforman las redacciones, y el mundo, en ese lugar donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach