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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Una habitación con vistas

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura3 min
Sociedad20-02-2010

La vida es ilógica como una charla promocional. Ofrecen como trato de ventaja tener todos los días la prensa al despertar. El comercial te turno no cae en la cuenta que su interlocutora es periodista, aunque se lo preguntó hace cinco minutos y actuó con ella como con los demás, pronunciando una retahíla de frases aprendidas para vender su paquete. A lo suyo. Es el veneno de esta profesión, que acompaña al baño -y provoca dolor abdominal y taquicardias-, que sigue con uno cuando acaba la supuesta jornada laboral, que se mete en la maleta durante las vacaciones y que se cuela hasta en la UVI de un hospital. El periodista no puede dejar de examinar, comparar, contextualizar, preguntar, comprobar, confirmar, investigar, documentar, elucubrar, meditar, imaginar, pensar y repensar cualquier cosa que cree que es importante o interesante. Pero la vida da muchas vueltas y, en el momento más inesperado, la realidad estropea el titular que ya estaba escrito o el plan que estaba hecho. Hay que estar preparado para cualquier situación. Sin embargo, ciertas improvisaciones producen una mala digestión. Hay una cuestión que los periodistas no pueden tragarse sin masticar: el debate de la objetividad. No se trata de una crisis de Gobierno más, o que la económica se vaya a prolongar más en el tiempo, ni del aumento del paro o del zarpazo a la política china que propinó en su día el Nobel de la paz. A veces, la explicación a ese titular puede que no se encuentre entre las bambalinas diplomáticas, las cañerías atascadas de los fontaneros de Moncloa y el último inquilino del Ministerio de Trabajo. A veces, la explicación del titular que uno quiere escribir está en la planta más alta de un hospital, echando un pulso a esa segunda oportunidad que parece haber dado la vida o sabe Dios Quién. Desde esa habitación, cada atardecer, las vistas son impresionantes. Y no sale en los titulares objetivos de la prensa. Centellean las luces en los rascacielos de la ciudad como luciérnagas haciéndose hueco en una tapia a campo abierto. A sus pies, un río luminoso trata de seguir el rastro que dejan los coches rumbo al atasco vespertino, y sobre el horizonte avisan los testigos de los aviones que la tierra está cerca, o ha dejado de estarlo. Como en esa habitación. En esa y en las de al lado, donde las vistas son impresionantes, pero los titulares de un periodista no van más allá de preguntar a la enfermera cómo está esa persona que está echando ese pulso a la supervivencia mientras reza porque la vida que hay tras las luces de la ventana se quede un poco más en esa habitación con vistas. Este artículo se escribió hace unos meses. Ha llovido desde entonces. Pero, gracias a Dios y a personas que contestaban preguntas seguimos estando los mismos para contarlo. ¿El qué? Que las vistas siguen siendo maravillosas y que el Periodismo, aunque muchos se empeñen en lo contrario, es algo estupendo que puede dar sentido a muchas vidas. Aunque te acompañe al baño o, a veces, provoque ganas de vomitar. Por favor, amigos lectores, sigan vivos. Les aseguro que titulares subjetivos como este valen la pena.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo