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ROJO SOBRE GRIS

Ojos limpios

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión08-03-2009

Sea dicho con sinceridad, primero pensé mal. Guardé el artículo porque me resultó un ejemplo de lo que no debe ser, pero hoy miro las cosas desde otro punto de vista. Hay una mujer que escribe columnas en un periódico gratuito. La semana pasada recibió uno de esos correos electrónicos que solicitaba donantes de un grupo sanguíneo para un supuesto niño que padecía leucemia, ingresado supuestamente en un hospital de Valencia. La columnista no perdió un segundo en reenviar el correo con toda su buena intención, y se hizo eco del llamamiento en el periódico. Al día siguiente, volvió a escribir una columna sobre el tema. Había descubierto que la petición era falsa, que estas cosas sucedían a menudo y que la centralita del hospital se había colapsado y que no era la primera vez. No existía aquel niño. Esta mujer justificaba el no haber comprobado la veracidad de la información por la urgencia que una situación así requiere. Me resultó indignante que buscase excusas para justificar su proceder falto de rigor, y que a continuación llamara literalmente “imbécil” al que había escrito el correo. Me pareció un echar todas las culpas a otro para sacudirse la propia enmascarándola de buena fe. Pero hoy me llena de ternura esta persona porque tuvo una mirada limpia. Pensó bien. Se puso en el lugar de quien estaba necesitado y no dudó un instante en comprometerse de la manera que estaba a su alcance. Ni se imaginó que alguien pudiera estar bromeando con algo así. Confió. Y la confianza es fundamental para el amor. Es probable que muchos de los problemas que algunas personas tienen para amar es la experiencia de traición en la infancia o la adolescencia; confiaron completamente en alguien que luego les falló. La regla de tres es sencilla: si desconfío, no sufriré. No sé muy bien qué viene antes para restaurar la confianza en el otro: si descubrir la fuerza restauradora del perdón a quien nos ha traicionado, si descubrir nuestros propios fallos para poder perdonar los de otros o si hacer una experiencia de amor indestructible. De lo que estoy segura es de que no se puede amar de verdad sin ponerse entero en juego. Y que para eso hay que confiar. Por eso, este Rojo sobre gris es para quienes no dejan de confiar a pesar del fracaso. Quizás ahí está la clave del amor: en volver a mirar con ojos limpios una y otra vez.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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