ANÁLISIS DE CULTURA
El recuerdo de un genio

Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura08-03-2009
Hace ya casi dos años que los responsables del distinguido Museo del Prado decidieron ampliar la institución para atraer nuevos visitantes y también mejorar su imagen. Hoy, la pinoteca puede presumir de estrenar 25 salas más, lo que permitirá exponer las 500 obras que esperaban en el depósito, y que se ha bautizado como “la otra ampliación”. Es toda una oportunidad para los seguidores de uno de los museos más importantes del país, pero también un reordenamiento confuso de las grandes obras que muestra, como son las de Goya, uno de los peores parados en esta actualización. Y es que las pinturas 2 y 3 de mayo del Fuendetodos perderán su espacio, donde ahora el visitante se encontrará un retrato borbónico y podrá ser toda una fuente de confusiones, aunque el artista gane tres plantas más. Como nota curiosa, El Coloso, cuya falsa autoría quedó demostrada, seguirá dentro de la colección. Puede que fuera uno de sus pupilos el que lo realizara, pero para los fanáticos es un emblema más del gran plasmador del sentir del pueblo español como nación durante la guerra. Y no es extraño maravillarse al visitar este mausoleo del arte, pues es grande la emoción que se siente al tratar de imaginar a Velázquez, Tiziano o Rubens plasmando sobre un lienzo toda su sabiduría e ingenio artístico, ideas que quedan en recuerdos cuyo valor no tiene precio. Otros, sin embargo, se pelean por conseguir objetos que mantengan vivo el espíritu de los que ya no están y que dejaron huella. Es el caso de la polémica subasta del legado del pacifista Gandhi que, tras la insistencia del poder indio para que todos sus recuerdos queden a salvo como patrimonio del país, al final ha terminado en manos del millonario indio más popular por sus escarceos amorosos con jovencitas y magnate de la cerveza más importante del continente. Su bondad y amor patriótico le han llevado a entregarlos al Museo Nacional de Gandhi, acción que no abunda en las subastas. Los hay que nacen con la vocación artística en las venas sin saberlo. España no deslumbra quizás por su transparencia en temas políticos, pero sí puede presumir de preservar el arte con las nuevas generaciones y mostrarlo alrededor del mundo. Iker, un niño barcelonés de tan sólo siete años, llevará su “obra maestra” a la alternativa Tate Modern, casi sin quererlo. Muchos artistas pagarían por exponer en las galerías de este museo londinense. A él, sin embargo, le atrae más la arqueología, al menos hasta ahora. ¿Su inspiración? Bob Esponja y Bart Simpson.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






