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SIN CONCESIONES

Quiero abortar

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión08-03-2009

Soy hombre y creo que jamás abortaría, pero si pudiera reivindicaría mi derecho a hacer con mi cuerpo lo que me plazca sin tener presente las consecuencias. Me apasiona el lema con el que las feministas promueven el aborto por demagógico a la vez que efectivo: "¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!". No importa lo que opine la pareja o el daño irreparable que se cause al ser humano que lleva dentro de su vientre. Es el puro egocentrismo sin atender a más razones que aquellas que se le antojan a la mujer embarazada. Lo disfrazan de derecho para tapar los perjuicios que entraña, como matar a la personita concebida en su interior y a la que el Tribunal Constitucional reconoce el derecho a nacer en su sentencia del 11 de abril de 1985. Pero las feministas, la ministra de Igualdad y el Gobierno se saltan la Carta Magna a la torera en virtud de la libertad de la mujer a elegir aquello que desea hacer con su propio cuerpo. Pero no es libertad, sino libertinaje. Siempre se ha dicho que la libertad de un ser humano termina donde comienza la de otro. Pues bien, la libertad de la madre a abortar se acaba donde arranca la libertad del feto a nacer. Cada vez que escucho a una mujer cantar eso de "¡Nosotras parimos, nosotras decidimos!" pienso qué hubiera pasado si sus propias madres hubieran tenido ese derecho a abortar y lo hubieran ejercitado. También intento imaginar cómo sería el mundo si trasladésemos esa misma filosofía a otros ámbitos de la vida. Así, los padres de hoy en día podrían responder "¡nosotros cocinamos, nosotros lo jalamos!" cada vez que un hijo se queja de hambre. También podrían elegir la carrera a estudiar por sus hijos a la soflama de "¡nosotros lo pagamos, nosotros te obligamos!". Incluso, alguno llegaría a quitarle la bicicleta con ruedines a su pequeño con el argumento de "¡nosotros lo compramos, nosotros disfrutamos!". Esto es el individualismo llevado al extremo pero no anda demasiado lejos de lo que aducen esas mujeres que defienden el aborto libre y lo visten como algo moderno. Por esa regla de tres, si parir es decidir, los hombres no deberían tener responsabilidad. Cuando una mujer le reclame hacerse cargo de la paternidad, podría replicar: "¡decidir a tu bola, es asumir tu sola!". Puestos a aprobar el aborto en España, yo introduciría una claúsula en la ley que permita otras clases de interrupción voluntaria mucho más útiles. Por ejemplo, si el banco no te rebaja la hipoteca con la caída el euríbor deberías tener derecho a abortar el préstamo sin penalización. Si cenando en un restaurante el camarero te tira la comida encima, tendrías que tener derecho a interrumpir la velada y marcharte sin pagar. Pero, sobre todo, si después de un año de las elecciones generales comprobamos que el Gobierno ha engañado, ha mentido y es incapaz de solucionar la dramática situación económica del país, los ciudadanos habríamos de interrumpir voluntariamente la legislatura y convocar una nueva cita con las urnas. Si, tras el equivalente a tres meses de embarazo, nos damos cuenta de que no queremos tener a este presidente, tendríamos que poder abortar. Eso sí que sería un derecho en los tiempos que corren: abortar para cambiar de Gobierno y echar de La Moncloa a Bermejo, a Magdalena Álvarez, a Bibiana Aído y a Zapatero.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito