ANÁLISIS DE SOCIEDAD
¡Mujer tenías que ser!

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad08-03-2008
Por sus obras los conoceréis. ¿También por planchar, limpiar, hacer la comida, cuidar de los críos, dar conversación a los abuelos? Efectivamente. A las mujeres todavía se las reconoce por todas estas labores. Pero también por acudir a la oficina y a la universidad o a cualquier otro ámbito laboral y social para ganarse el pan. Mejor dicho: para ganarse poder pagar la hipoteca y sus otros muchos aledaños. Y todo ello, muchas veces, aguantando unos tacones que quien los inventó seguramente se habría inspirado en las técnicas más enrevesadas de tortura medieval. Con motivo del 8 de marzo, presunto Día de la Mujer, salen "las mujeres" tras la pancarta -por sus obras las conoceréis- y se olvidan de que detrás de ese feminismo que anula a los hombres no están representadas todas. Muchas no se pueden manifestar porque tienen otras muchas prioridades más serias que quitarse el sujetador mientras gritan consignas como que "nosotras decidimos" y "mi cuerpo es mío". El día que se caigan del guindo se pegarán la torta monumental. Señoras, no se engañen. Las mujeres no somos heroínas ni debemos serlo. El día tiene 24 horas y, evidentemente, se nos pasa el arroz. Seriedad, realismo y un poquito de por favor. Además, nosotras decidimos si nos dejan, claro. Evidentemente es todo un logro que las mujeres lleguen lejos, que ganen elecciones, que sienten cátedra en los campus, que dirijan empresas pero ¿a cambio de qué, además de un salario menor que el de los hombres? ¿cuánto se ha sacrificado? ¿merece la pena? Y, sobretodo, ¿todo eso nos ayuda a ser más mujer, más persona, a realizarnos como ser humano? Por sus obras las conoceréis. Sí, sí, muy bonito, pero con ejemplos como los de la ministra de Igualdad del Gobierno de España, doña Bibiana Aído, a algunas nos dan ganas de borrarnos del club del sexo débil. Por las acciones -u omisiones- de algunas nos catalogan a todas como si fuésemos hechas del mismo calibre. Y no hablamos en este punto, precisamente, de aparcar el coche, leer un mapa o usar un ordenador. Lo de la señora Aído quizás sea fruto del despropósito contagioso que reina entre la gran la mayoría de los miembros del Ejecutivo, que niegan la existencia de la crisis como si se tratase de la de Dios -dos evidencias descomunales, una más que otra-; se van de caza sin permiso después de criticar por su antiecologísmo al primo de Rajoy; premian con medallas de oro a las Bellas Artes a toreros que no saben qué es el arte de torear; y, por aquello del cupo, dan cargos a miembras que con su forma de actuar y su currículo dejan mucho que desear. De hecho, aunque no lo reconozcan y lo vendan como progreso, las eligieron por el hecho de ser mujer. Será aquello de la discriminación positiva, pues a veces está bien dicho eso de ¡mujer tenías que ser! Pero qué mal nos deja al resto.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






