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ANÁLISIS DE DEPORTES

Basta ya de vender humo

Fotografía

Por Alejandro G. NietoTiempo de lectura3 min
Deportes26-10-2008

Con apenas una semana de diferencia, las dos competiciones de baloncesto más prestigiosas del planeta se ponen en marcha. Lo análisis que centran las previas de ambos torneos van este año más allá de lo deportivo, circunstancia en la que ambas ligas, por cierto, han dado un amplio paso adelante este verano. Lo llamativo esta temporada es que el ambiente entre la NBA y la Euroliga destila una cierta excitación ante los primeros pasos de un posible cambio en la hegemonía mundial del deporte de la canasta que, dicen algunos ilustrados, puede producirse dentro de algunos años. Cierto es que Europa está poniendo todo de su parte para comer terreno a la liga estadounidense y evitar que, como ha pasado hasta ahora, sus mejores jugadores emigren allí en cuanto les surge la ocasión. Las nuevas normas aprobadas para este curso y los siguientes, como retrasar la línea de triple, igualan todavía más las características del juego. Verdad es también que pocos esperaban que tantas estrellas de la NBA emigraran al Viejo Continente pese a tener jugosas ofertas en Estados Unidos. Incluso la idea de crear una gran liga con casi todas las plazas fijas para los equipos miembros apunta a la creación de una especie de NBA europea. Pero pensar que Europa puede ponerse algún día a la altura de EE.UU. en términos de baloncesto es toda una majadería. El básquet europeo no tiene nada que envidiar al americano en cuanto a técnica individual y, en la táctica, ya ha demostrado que puede ser superior; algo que dota a los partidos de una mayor emoción. Pero eso no es, ni mucho menos, suficiente para alcanzar el nivel de seguimiento que posee la NBA. Sin ser el primer deporte del país, la liga estadounidense atrae, día sí y día también, unas audiencias y unas cifras de espectadores en las canchas desorbitados. El baloncesto allí es más lento, menos minucioso y más individualista, cierto, pero la forma de concebirlo y de vivirlo es algo que no pega, en absoluto, con el estilo europeo (¿Quién en Europa se iría un lunes, un miércoles y un viernes –de forma consecutiva– al baloncesto con toda su familia y después de una jornada de trabajo?). Y si el hecho de que la actual fortaleza del euro sobre el dólar y la aparición de grandes inversores a este lado del Atlántico se ha destapado como una forma de atraer jugadores, esto también tiene unos límites. Incluso si la locura de que el Olympiacos o algún adinerado conjunto ruso puedan pagar 50 millones de dólares por que LeBron James o Kobe Bryant jueguen una temporada en Europa se cumpliera, ello no se quedaría en más que una anécdota momentánea. Al jugador nacido en Estados Unidos y criado bajo la filosofía del sueño americano le atrae el glamour y la historia de la NBA. Todos quieren ser el nuevo Michael Jordan. Y eso, en Europa, donde las audiencias son menores y la asistencia a las canchas es ridícula en comparación con EE.UU., es imposible. Pero, claro, insultar a la inteligencia del aficionado y vender humo es tan productivo…

Fotografía de Alejandro G. Nieto