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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Apagar el fuego con gasolina

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura1 min
Sociedad26-10-2008

Si en las bodas de Caná se quedaron sin vino, qué no puede pasar entre los que cada vez menos se aventuran a celebrar su matrimonio. Bien es costumbre que no haya boda sin excesos, a fin de celebrar la efeméride que marcará la vida de dos. Pocos se casan, pero menos mal que, como en los pasajes bíblicos, siempre hay quien se apaña con unos panes y unos peces y multiplica la nada. Los pobres cada vez son más, y como aquel viejo lema de Hacienda, la crisis somos todos. Nos acordamos de santa Bárbara cuando atruena, denuncia el refrán. El españolito medio llama a la puerta de la parroquia para pedir trabajo, algo de comida o que alguien pague la hipoteca. La Iglesia, esa de la que no quiere ni oir hablar los amigos del laicismo y las civilizaciones, es el último recurso para cada vez más personas. Personas, cifras, gente con nombre y apellidos para quienes cada fin de mes se convierte en una nueva tragedia; que han hecho cuentas y han visto que es preferible acogerse al paro y a la caridad que pagar los impuestos y el alquiler y tener un empleo de sol a sol. Pero, por desgracia, pocos milagros se dan en la vida de esos futuribles nuevos pobres. Una vez que el agua y el vino están en la misma vasija a ver quién es el guapo que los separa. El día que políticos, organismos e instituciones pongan los pies sobre la España real, bastarán con unos pocos peces y algunos panes. Mientras tanto, quienes pueden paliar esas tragedias personales que llegan con el fin de mes siguen jungando a apagar el fuego con gasolina.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo