SIN CONCESIONES
El rico pedigüeño

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión26-10-2008
Los ricos suelen tener fama de tacaños y austeros. Las grandes fortunas casi siempre se forjan desde el ahorro y la reducción del gasto. Hay ricos que fanfarronean de sus pertenencias y hay otros que intentan pasar desapercibidos para no generar envidias ni rencores. Pero, en la especie de los ricos, hay una raza que representa la excepción. Se trata del nuevo rico, obnubilado con su recién adquirida condición económica, que derrocha en caprichos y cae en toda clase de excesos. España ha vivido durante los últimos años como un nuevo rico, con las grandes empresas en pleno afán expansionista y un gobierno acomodado en cifras récord de empleo y crecimiento económico. Zapatero era como el nuevo rico que hereda una fortuna de un familiar lejano. Pensó que en la caja había tanto dinero que no hacía falta gestionarlo. Comenzó a gastar, a regalar competencias a las comunidades. Prometió una nueva financiación a Cataluña, regaló 2.500 euros por cada niño recién nacido e incluso trató de comprar votos prometiendo otros 400 euros a los trabajadores. Mientras tanto, Zapatero se comportó como cualquier nuevo rico con los de su estrato. Menospreció a Bush, llamó "perdedora" a la alemana Angela Merkel e hizo campaña política en contra de Nicolas Sarkozy en Francia. Zapatero se sentía fuerte. Creía que no necesitaba la ayuda de las grandes potencias mundiales. Incluso, hace pocas semanas se jactaba públicamente de tener una economía mejor que las de Francia e Italia. Es cierto que el nuevo rico en pocas ocasiones suele gozar de prestigio y reconocimiento entre los de su clase social. Pero, en este caso, el propio Zapatero se encargó de dilapidar desde un principio cualquier posible relación con los grandes de Europa. Ni siquiera lo intentó con el laborista Tony Blair. Debía de considerar que no representaba a la verdadera izquierda y que su política internacional estaba demasiado apegada a Estados Unidos. Al fin y al cabo, Blair fue protagonista de la foto de las Azores junto a José María Aznar y George W. Bush. Después de cuatro años, Zapatero ha dejado de ser ese nuevo rico en el que se convirtió al llegar de improviso a La Moncloa. España bate ahora récords de paro y caídas bursátiles. La caja fuerte que recibió el presidente del Gobierno está casi vacía. Es cierto que otros países están mucho peor -aunque no todos- pero sus dirigentes políticos se han unido para buscar una solución. Zapatero, que les ha ignorado durante todo un lustro, ahora quiere estar con ellos aunque tenga que arrodillarse ante Sarkozy y suplicarle que le invite a la cumbre del G-20. Zapatero está mendigando a todo el que hafa falta para que España esté en Washington en la reunión del 15 de noviembre. En realidad, sólo busca conservar su estatus de nuevo rico después de haber acabado con la despensa. No sabe cómo llenarla de nuevo pero sí cómo cubrir ese vacío. Su fotografía entre los 20 mandatarios más importantes del mundo compensaría gran parte de los errores que ha cometido hasta el momento. Puede que lo consiga pero está haciendo el ridículo. Debería saber que la política exterior de un país es mucho más compleja y mucho más seria que improvisar un viaje a China y una comida con Sarkozy un viernes en el Eliseo. Resulta vergonzante. Zapatero va de nuevo rico pero se comporta como un pedigüeño.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






