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JUSTICIA

Los acusados de quemar a una indigente culpan a un menor del hecho

Por Esteban del PozoTiempo de lectura1 min
Sociedad22-10-2008

Como si de un macabro juego se tratase, un grupo de jóvenes acabó con la vida de una indigente hace ya casi tres años. Dos jóvenes, en presencia de un tercero, introdujeron un bidón de 25 litros de gasolina en un cajero en donde dormía la mujer para preservarse del frío. Después de rociarla, le prendieron fuego y anbandonaron corriendo el cajero. El juez ya ha decidido las condenas para cada uno de los casos.

Todo ocurrió el 16 de diciembre de 2005. Los tres jóvenes, que al parecer habían salido de fiesta, insultaron y lanzaron objetos contra la mendiga y, sin ninguna razón, la acabaron quemando viva. Después de cometer la fechoría, los tres individuos salieron corriendo, según ellos, porque "se asustaron" cuando saltaron las alarmas. Durante los primeros días del juicio, dos de los jóvenes, que quedaron grabados por la cámara de seguridad del establecimiento, basaban la defensa de su comportamiento en que la mujer "apestaba". "Fue una gamberrada que se nos fue de las manos", comentó uno de los implicados. Los dos acusados, Oriol Plana y Ricard Pinilla, culparon a su compañero menor, José M. R., de ser el responsable del homicidio. Éste ha sido condenado a ocho años de internamiento. No llegó a ser juzgado porque, tras reconocer los hechos que se le atribuían, aceptó la pena que solicitaban la Fiscalía y la acusación particular que ejerce la hija de la mendiga. Las razones de esta decisión es que el chico es menor y, como tal, se le aplicaría otra ley distinta, mucho más liviana que en los otros dos casos: 28 años de prisión a cada uno por asesinato y una indemnización de 98.000 euros a los familiares de la fallecida, María Rosario Endrinal. Sin embargo, el último día del proceso, en el que quedaba visto para sentencia, los acusados aprovecharon para pedir perdón a la familia de la víctima y un trato justo. Una vez más, se arrepintieron de lo ocurrido y afirmaron que "no querían matar a nadie".

Fotografía de Esteban del Pozo