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Vacaciones en familia

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión27-07-2008

“La defensa más común de la familia es que, en medio de las tensiones y cambios de la vida, resulta un sitio pacífico, cómodo y unido. Pero es posible otra defensa de la familia, y a mí me parece evidente; consiste en decir que la familia no es ni pacífica, ni cómoda ni unida. […] La razón es obvia. En una comunidad grande podemos elegir a nuestros compañeros. En una comunidad pequeña nuestros compañeros nos vienen dados”. Así comienza Chesterton La como institución en el mundo moderno, uno de sus muchos artículos en defensa de la familia. Nuestro autor británico hacía así una radical crítica al modelo moderno-victoriano de familia. Esta crítica carece hoy de sentido si la hacemos a la realidad familiar contemporánea, tan poco cuidada y desestructurada que en nada se parece a ese concepto idílico de lugar estable y tranquilo. Pero mantiene toda su vigencia respecto del ideal moderno de familia que todavía permanece en muchas mentes, especialmente en las de los actuales enemigos de la familia, que atacan esta institución precisamente porque la desconocen (confundiéndola con el ideal moderno). Así, para Chesterton (y para todos los que hemos vivido en una familia normal, no en una desestructurada ni en una descafeinada como propone el ideal moderno), si la “aventura suprema es nacer”, la familia supone entrar “en un cuento de hadas”. Es decir, algo así como “dejarse caer por la chimenea de cualquier casa elegida a voleo y llevarse tan bien como sea posible con la gente que está dentro. Y eso es esencialmente lo que cada uno de nosotros hizo el día en que nació. En esto consiste verdaderamente la aventura romántica, especial y sublime de la familia”. La grandeza de un verdadero hogar consiste precisamente en la necesidad de convivir con personas variopintas, cosa que sólo puede hacerse aprendiendo a respetar y amar lo distinto y lo incómodo. La miseria de la familia victoriana consiste anular la variedad, al tratar de igualar todas las almas, lo que proporciona una “estrechez de coherencia y satisfacción espiritual como la que hay en el Infierno”. La miseria de la familia contemporánea consiste en anular la convivencia por una suerte de cohabitación, lo que hace de la familia un lugar tan superficial como un hotel de Cinco Estrellas, lleno de servicios y cordialidad, pero vacío de afectos. Uno “puede visitar Venecia tranquilo porque los venecianos no son nada más que venecianos”, pero su familia es su familia, y eso supone exigencias poco tranquilas que, asumidas, revelan hermosos tesoros. Las actuales vacaciones en familia son la oportunidad para recuperar el sentido y el valor de la familia auténtica. Un modo de rescatar la convivencia y la variedad entre los padres, abuelos, primos, nietos y todo amigo que se presente en la casa familiar sin avisar. Anímese, querido lector, a recorrer en estos días los paisajes que quizá nos están vetados por la vida moderna durante el resto del año. Las calles y palzas que esconden las almas de nuestros familiares. “El ser humano que vive en una comunidad pequeña vive en un mundo mucho más grande. Sabe mucho más de las variedades feroces y las divergencias inflexibles de los hombres”. Con otras palabras: quien disfruta de una convivencia exigente y variada en familia encuentra un lugar privilegiado donde la vida se ensancha. Buen verano.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach