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ROJO SOBRE GRIS

Ni de mi memoria

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión23-03-2008

He estado leyendo a Delibes y eso me influye: no lo puedo remediar. No sabría decir exactamente el grado, causas o características de esa influencia. No sabría decir exactamente en qué consiste tal influencia. Me deja pensando sobre las cosas que escribe, pero sin generarme obsesión alguna. Me deleita con su forma de contar y de penetrar las cosas con las palabras para sacarlas a la luz y mostrárnoslas a todos. A veces no me importa ni lo que dice y me descubro disfrutando sólo la musicalidad, y entonces pienso que seguramente haya escondidas notas musicales entre las letras que podrían traducirse matemáticamente a un pentagrama genial. Hoy he borrado todos los mensajes del móvil, he tirado un montón de cosas que había en mi antiguo armario y he pensado en la cantidad de mails que esperan en la bandeja de entrada desde el pasado mes de julio. He sentido vértigo. Quizás en aquellos pasados en los que los hombres tenían poca ropa, pocos libros, pocos cuadernos y pocas cosas en general era más fácil conservar la propia memoria, y he deseado vivir en esa época en la que cuando una pareja se casaba se iba a su nueva casa con una mano delante y otra detrás, con una cama y una cómoda heredadas de sus abuelos y un ajuar que les duraría toda la vida. No es que yo tenga muchas cosas, pero tengo muchas más que eso. Y entre los mensajes del móvil, la ropa acumulada, los mails en la bandeja de entrada de Outlook y una lista interminable de cachivaches varios siento como si mi memoria estuviera desintegrada en millones de pedacitos de los que no quiero desprenderme pero de los que me voy deshaciendo. Parece como si los colores y los olores y las palabras que con ellos se van se llevan mis recuerdos y mi vida y la posibilidad de volver sobre ellos un día que quizás no llegará y que hago poco por que llegue. No somos nuestra memoria pero la memoria nos recuerda quiénes somos. Por eso queremos conservarla. Por eso recordamos en la Vigilia Pascual toda la historia del pueblo de Dios: porque Cristo es la clave de bóveda que la culmina y remata dándole sentido. Pero también hay en la vida una oportunidad para purificarnos por medio del desprendimiento de nosotros mismos. “Dios quiere que seamos felices en el presente, en la donación del momento actual, dejando el pasado y el futuro en sus manos”, decía el P. Álvaro Corcuera, director de los Legionarios de Cristo, en una preciosísima y reciente carta. Le venía esta reflexión en el convento de la Encarnación de Ávila, precisamente, uno de esos lugares en los que sus habitantes, carmelitas de clausura, no poseen nada sino que más bien son poseídas por Dios. Y para ellas es este Rojo sobre gris, porque en su pobreza nos recuerdan dónde se encuentra el verdadero tesoro, que no depende ni de nuestros recuerdos, ni de nuestra inteligencia, ni de nuestras posesiones, ni de nuestra historia ni, siquiera, de nuestra memoria.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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