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ANÁLISIS DE DEPORTES

Formas de ver el fracaso

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura3 min
Deportes23-03-2008

La falta de perspectiva, tanto por el cargo como por la necesidad de valorar situaciones in situ, lleva a los directivos de los clubes a tomar decisiones, si no ridículas, en todo caso precipitadas y fuera de lugar desde la distancia. Como le sucede al Barcelona de Joan Laporta, que tras su enésimo tropiezo -ahora contra un Valencia que tampoco está para tirar cohetes-, ha perdido la ocasión de lograr el éxito que tenía más a mano para la temporada, la Copa del Rey, puesto que en la Liga no ha hecho sino dispararse en el pie y echar por la borda cada ocasión de acercarse al liderato, en una temporada más accesible que otras para lograr el título. Apelar a la Liga de Campeones, y dar por sentado que los fantasticos van a rendir en cinco partidos lo que no han demostrado en toda la temporada, y en contraste con el pleno de los equipos ingleses, merece cuando menos una mueca de escepticismo, por no decir que sus opciones son muy escasas. El Barça parecía haber fichado mejor que el Real Madrid al comenzar la temporada. De hecho, con la incorporación de los jóvenes Giovani dos Santos y Bojan Krkic llegó a ofrecer buenas sensaciones. Sin embargo, las molestias físicas y la falta de adaptación del francés Thierry Henry, las lesiones de Samuel Eto’o, la poca implicación del portugués Anderson Luiz de Souza, Deco, y la ausencia del que debía ser el líder del equipo, Ronaldinho de Assis, han dejado en evidencia tanto al presidente como al entrenador, que por falta de mano dura -al menos la suficiente como para imponer una disciplina necesaria en el grupo- tienen todas las de quedarse, por segundo año seguido, sin títulos. La regeneración del equipo, tras el fiasco del parche de Henry, se hace prioritaria, quizá con un nuevo técnico -aunque si el elegido fuera José Mourinho, adiós al juego bonito-, pero en todo caso con los mimbres que han demostrado su valía. En particular, los mediocampistas Andrés Iniesta y Xavi Hernández. En el caso del Real Madrid, no pasar entre los dos primeros de grupo en el Top-16 y quedarse fuera de cuartos de final equivale a no cumplir el objetivo de la temporada, fijado como estaba en llegar a la Final a Cuatro de la Euroliga, que para eso se juega en Madrid. A fuerza de repetilla y no enmendalla, las limitaciones del bueno de Joan Plaza se hacen evidentes: la repartición de minutos y responsabilidad han fallado en el momento decisivo. El sistema de playoff permite minimizar esa pérdida, pero no así las eliminatorias a partido único -véase Copa del Rey-; el factor anímico ha pesado mucho en las derrotas sufridas contra Maccabi y Olympiakos, convencidos de que se jugaban la vida. La clasificación para la siguiente Euroliga y un hipotético título ACB, por mucho que se diga lo contrario, sería tan sólo salvar la honrilla. Las veleidades NBA de Ramón Calderon y un punto de candidez -quizá- en la gestión de Antonio Martín y Alberto Herreros han influido en el rendimiento de un equipo en el que ha llegado el momento de preguntarse por el papel que se esperaba y ha cumplido el fichaje estrella de la temporada, el griego Lazaros Papadopoulos. De nuevo, el análisis de la plantilla, jugador por jugador, se convierte en el paso necesario para corregir errores y asaltar, si tal es el objetivo que se decide, la competición europea. Verse en otros espejos, como Unicaja y Barcelona, supone el riesgo de que la imagen esté deformada, visto que ambos están abocados a una renovación más traumática aún, si cabe. El modelo de regularidad, con más o menos ajustes, está en Vitoria: renovando cada año a bastantes jugadores, incluso al entrenador, siempre está entre los ocho mejores de Europa. Para tomar como referencias al Panathinaikos y al CSKA de Moscú, con propietarios millonarios dispuestos a perder dinero, el Madrid tendría que cuadrar muy bien los numerous.

Fotografía de Roberto J. Madrigal