PUNTOS DE DEBATE
Propaganda revolucionaria

Por Elías Said
3 min
Opinión23-03-2008
Imagínense un país en el que el rostro del líder y su proyecto político copen todos los espacios sociales. Imagínense un país en el que los ciudadanos transmitan una sensación de absoluta indiferencia por el devenir de su país, que ese “darles igual” se traduzca en estar hartos de retórica o, al menos, cansados de la confrontación y el maniqueísmo político. Sigan imaginando y llegarán a la sensación que tuve en mi paso por Venezuela la semana pasada: un país donde el uso de la propaganda política raya en el exceso y que muchos de sus ciudadanos asumen como parte de su entorno natural y evitan pronunciarse por los motivos antes expuestos. Para cualquiera que no vive en la actualidad pero es de este país y que conoce en primera persona el grado de confrontación vivido en la sociedad venezolana, el escenario de bombardeo de mensajes revolucionarios y la forma en que la gente lo asume resulta interesante a la hora de llevar a cabo diferentes lecturas. Una primera interpretación es la impunidad con la que se usan las instituciones y recursos estatales para promocionar el proyecto político liderado por el presidente Hugo Chávez, donde su figura y mensajes como “Patria, Socialismo o Muerte, venceremos” y otros retóricos de la revolución bolivariana se imbrican hasta puntos de enaltecimiento de su figura, a rango de “mesías”. Una segunda lectura del escenario venezolano es la necesidad que tiene el proyecto bolivariano para cubrir su ineficiencia gubernamental, esa necesidad de legitimar los proyectos sociales y económicos con retórica propagandística en cada rincón del país por donde transité, magnificando dichas medidas para justificar su razón de ser, hasta en periodos no electorales. La última impresión es la indiferencia del ciudadano de este país ante tanta retórica, lo cual, les admito, me genera dos formas de interpretación: que estos asumen su realidad como la única posible, sin opciones reales para un cambio; o un agotamiento del proyecto bolivariano que está gestando el germen de una ruptura de la dinastía bolivariana, lo cual pudiese fortalecer su débil sistema democrático, acostumbrado al vaciado de las instituciones por intereses políticos y económicos. Lo que hoy sucede en Venezuela, para alguien que no convive diariamente en este contexto, cargado de mensajes retóricos, exceso de dinero en manos de unos pocos, y derroche de dinero público sin controles efectivos, es que se ha vaciado de significado el término "Socialismo". Y con esto nos preguntamos: ¿Qué significa “El Socialismo del Siglo XXI”?, ¿qué beneficios tiene un presente cargado de reproches antiguos?, ¿qué necesita el pueblo para concebir su futuro desde una realidad no contada por “líderes mesiánicos”? Lo antes expuesto termina siendo un horizonte de reflexión para todos aquellos concientes de que un país no se construye desde una persona y que el peor error en que podemos caer es asignarle este poder a alguien sin la necesidad de asumir el cambio y la alternancia como procesos necesarios en una sociedad, aunque ello represente más incógnitas que soluciones tangibles ya que al final corremos el riesgo de acostumbrarnos y tomar como cierto el dicho de que “más vale malo conocido que bueno por conocer”, cuando en verdad no lo es.






