ANÁLISIS DE ESPAÑA
T-4, Año 1

Por Alejandro Requeijo
3 min
España30-12-2007
No, si ya lo decía Julio Sosa cuando en su famoso tango Cambalache lamentaba que hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador. Todo es igual y nada es mejor. Desgraciadamente hemos acabado manoseados todos en un lodo en el que lo que ayer era blanco hoy perfectamente puede ser negro. Y en esa fea costumbre del digodiegismo incurre desde un ridículo presidente de un club de fútbol hasta el líder del Ejecutivo. Todos menos el Rey, que ya pueden estar quemando –metafórica y literalmente- su cabeza por las esquinas, que él no se salta su plantilla del discurso de Navidad. Eso pese a que después del año sufrido quizá se le exigiese algo más de claridad y firmeza. Pero el caso es que el inefable Joan Laporta abona su futuro político en la izquierda independentista catalana desde la presidencia del Barcelona. Y entre otras majaderías, aprovecha esa atalaya para echar truenos por la boca cada vez que su club tiene que ceder jugadores a sus selecciones nacionales. “Es una vergüenza y una tomadura de pelo que tengamos que ceder a los jugadores internacionales para que las selecciones jueguen sus partiditos amistosos, ganen dinero y nosotros no recibamos nada. Los jugadores lo único que sacan es cansancio o una posible lesión”, llegó a decir en una ocasión. Ahora eso ha pasado. Es decir, uno de sus jugadores se ha lesionado para seis meses en uno de esos partiditos amistosos. Pero esta vez Laporta calla porque fue en la disputa de un País Vasco-Cataluña. El mismo partidito que jugó el capitán de su equipo, Puyol, todavía sin recuperar de una lesión. Pero Laporta calló y aplaudió la bravata antiespañolista en la que derivó la iniciativa en la que, por encima de todo, salió perdiendo el fútbol. Se cumple el primer aniversario del atentado de la T-4. Fue necesario un petardazo de 500 kilos de explosivo y la muerte de dos personas para despertar a buena parte de una sociedad que -debidamente inducida- aun vivía el sueño del fin de la violencia. Ciudadanos narcotizados por el “¿y si esta es la definitiva?”, el “¿por qúe no?” y toda esa retahíla de excusas a las que recurre uno cuando tiene más fe que certeza o más corazón que cabeza. Todos terminaron despertando de golpe como en una pesadilla. Por aquellas fechas el presidente se atrevió a decir que hoy estaríamos mejor que hace un año. Eran los días de vino y rosas blancas en los que el discurso oficial consistía en hacer guiños a Otegi, consentir a De Juana y quién sabe que más cosas. Ahora la cosa ha cambiado y en lugar de eso se habla de perseguir, arrinconar, ilegalizar… No obstante, de nada sirve este cambio de vocabulario si sólo se queda en eso. De nada sirve que todos hayan aprendido la lección si el presidente sigue sin arrepentirse de lo que hizo. Eh ahí la grandeza de la democracia -pensará alguno- en la que un presidente puede hacer lo que le de la gana a pesar de la voluntad popular. Quien sabe si después de ser reelegido en marzo lo intentará de nuevo con los terroristas. De momento no ha cerrado la puerta a esa posibilidad. Zapatero prefiere los eufemismos como “a día de hoy no hay expectativas”. Este tipo de afirmaciones no serían sospechosas si no lloviese sobre mojado. Al final, de lo que no hay duda es que será ETA quien termine decantando las próximas elecciones. Y será así porque tanto Zapatero como Rajoy lo han querido. El primero porque se lanzó a la conquista de la paz como sea con fines personalistas y electoralistas. Del mismo modo, Rajoy se lanzó al monopolio del dolor ante la barbarie terrorista para suplir su falta de ideas y de equipo. El resultado ha vuelto a demostrar que ni los fines de uno ni los del otro suelen ser mimbres suficientes para construir nada. Efectivamente, un año después de la T4 no estamos mejor sino todo lo contrario. Toca rectificar. A todos.
Seguir a @Alex_Requeijo

Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio






