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ROJO SOBRE GRIS

Caídos, víctimas, mártires

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión28-10-2007

No venden dos por uno. No prometen imposibles ni soluciones milagrosas. Se atreven a decir alto y claro que se puede pero que el camino es estrecho; y que el precio puede ser la propia vida: morir, o desgastarse en la entrega. Pero nadie reclamaría. Nadie podría decir: “Hice lo que me dijeron y no se me pagó lo prometido”, porque amor llama a amor, y eso es la verdad. Son casi tantos como todos los mártires beatificados hasta este domingo 28 de octubre. Son 498 testimonios de fe viva y perdón heroico: “Murieron perdonando, y son el mejor aliento para que todos fomentemos el espíritu de reconciliación”, dice la oficina para la causa de los santos en el documento explicativo de estas beatificaciones. Dieron su vida por amor a Jesucristo en una época de persecuciones religiosas a muchos cristianos en el mundo, que en España se produjo en los años 30 del pasado siglo. Se trata de 2 obispos (Cuenca y Ciudad Real), 24 sacerdotes diocesanos, 462 miembros de Institutos de Vida Consagrada (religiosos), 1 diácono, 1 subdiácono, 1 seminarista y 7 laicos. Entre todos ellos, 18 eran jovencísimos, y tenían entre 16 y 19 años de edad. 145 tenían entre 20 y 30 años; 421 tenían entre 20 y 60; 41, entre 60 y 70; y 15 eran casi ancianos de entre 70 y 80 años. Me resulta particularmente interesante cómo el documento mencionado explica la causa del martirio y su diferencia respecto de otros conceptos como “caídos” o “víctimas” sin que haya lugar a la duda ni a la manipulación. No decimos, por tanto, “mártires de la Guerra Civil”, lo cual es inexacto cronológica y técnicamente. Las guerras tienen caídos en uno y en otro bando. Las represiones políticas tienen víctimas, sean de uno o de otro signo. Sólo las persecuciones religiosas tienen mártires, sean de una o de otra ideología, de una o de otra preferencia –o pertenencia- política o incluso de distintas confesiones religiosas. La ceremonia de beatificación ha sido emotiva y profunda, pero lo verdaderamente entusiasmante es que sí: que hay quienes se dignan en señalar con claridad y sin vergüenza a quienes pueden ser modelos de vida para otros. Lo hacen sin pudor porque saben que las promesas de felicidad y libertad que abanderan son ciertas, aunque el camino sea difícil: “Fueron fuertes cuando fueron maltratados y torturados. Perdonaron a sus verdugos y rezaron por ellos”, ha dicho Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid. El cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación para la Causa de los santos, invitaba a las decenas de miles de presentes que sigan su ejemplo, que lo hagan siendo coherentes con la fe que profesan, conscientes de que esa fe les puede llevar, aún hoy, al martirio y conscientes de que los cristianos está llamados a la santidad. Saraiva les ha recordado la advertencia de Jesucristo: “Seréis odiados de todos por causa de mi nombre”. Pero el destino es seguro “la fe de los mártires vence al mundo”. Rojo sobre gris a esta propuesta de verdaderos modelos que no ocultan el sacrificio que conlleva la verdadera felicidad.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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