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SIN ESPINAS

Cuestión de ¬humilitas¬

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura3 min
Opinión15-04-2007

Los católicos españoles sabemos bien que para los enemigos de la Iglesia no hay ocasión pequeña para difamarla. La última anécdota convertida en bochornoso episodio mediático la han protagonizado el diario El Mundo de Pedrojota y todos los medios de Polanco. Tiene que ver con la decisión del Arzobispado de Madrid de potenciar el servicio a los pobres en la zona de Entrevías. Para ello, el Consejo Presbiteral apoyó por unanimidad la disposición de destinar las instalaciones de la Parroquia San Carlos Borromeo para un centro dirigido por Caritas Madrid. Ya saben, la organización católica que más ayuda a los pobres en todo el mundo. Al hecho le puso el altavoz Pedrojota -el tertuliano más famoso de la emisora de los obispos, cría cuervos y te sacarán los ojos- y lo presentó como el cierre de una parroquia que ayudaba mucho a los pobres. Luego los “camisas pardas” de Prisa se han encargado de hacer el resto para intentar minar al Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela una vez más; y de paso confundir a la sociedad española. Todo ello, por supuesto, con la connivencia de los tres sacerdotes de una parroquia que desde 1985 había sido relevada de sus responsabilidades pastorales. La realidad, sin embargo, es que -en lo que se refiere a la ayuda a los pobres- el servicio no sólo se verá reducido sino potenciado por las aportaciones que llegarán desde Caritas diocesana. Además, el propio Arzobispado de Madrid ha pedido a los sacerdotes “rebeldes” que continúen asumiendo las tareas de acogida, educación y atención social que se vienen prestando desde este lugar. Y las necesidades pastorales de la zona vienen siendo cubiertas y lo seguirán haciendo, para los feligreses que lo deseen, en las Parroquias de San Francisco de Paula y de Santa Eulalia de Mérida. Todos lo demás son cuentos, leyendas y mentiras auspiciadas por la ignorancia, el error y la mala intención de quienes han montado este circo y le han dado pábulo. Empezando por los sacerdotes, quienes creen haber entendido mejor el mensaje de Jesús que el mismo San Pedro y 2000 años de exégesis cristiana. Seguro que el señor Enrique de Castro sabe mucho más de liturgia que el cardenal Rouco o Benedicto XVI ¿verdad? O que el señor Javier Baeza entiende más de ayuda a los pobres que la madre Teresa de Calcuta. La verdad es que tampoco me explico cómo al tercero de los curas, Pepe Díaz, no le han nombrado doctor de la Santa Madre Iglesia porque seguro que sabe más de doctrina que San Agustín, Santo Tomás, San Ireneo de Lyón y Santa Teresa de Jesús juntos. En fin, menos mal que de vez en cuando aparecen sacerdotes como estos que nos reinventan la Iglesia a base de rosquillas, cantos de Ana Belén y chistes del gran Wyoming porque sino qué sería de nosotros los católicos. Ahora en serio, siento mucho que estos curas hayan perdido el norte, quieran matar el Espíritu y se consideren más listos que nadie. Pero para acabar con las pobrezas del hombre no sólo basta con llenar la copa y el plato sino ser humilde para reconocer que a veces, sobre todo, a quienes materialmente no nos falta de nada, tenemos otras pobrezas que matan mucho más al hombre. La soberbia, el orgullo y la desobediencia. Qué pena que estos curas no hayan seguido el ejemplo del santo que dio nombre a su parroquia. San Carlos Borromeo era un noble riquísímo que llegó a ser cardenal obispo como Rouco Varela. En su escudo episcopal sólo había una palabra: “Humilitas” (humildad). Carlos, que significa hombre prudente, lo dejó todo por Cristo y para ayudar a los más necesitados. Tanto que se le llegó a llamar el “padre de los pobres”. Muy amigo del Papa San Pio V, murió joven y pobre, habiendo enriquecido enormemente a muchos con la gracia de Dios. Murió diciendo: "¡Ya voy, Señor, ya voy!".

Fotografía de Javier de la Rosa