SIN CONCESIONES
La amenaza islamista

Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión14-04-2007
Tiene muchos apellidos, pero un único nombre. Unos lo llaman terrorismo islamista. Otros terrorismo internacional. Algunos terrorismo de Al Qaeda. Unos pocos terrorismo de Osama ben Laden. Lo que está claro es que es terrorismo. Aunque parezca una minucia, ya supone un avance coincidir en que los atentados del 11-S, del 11-M, del 7-J en Londres y ahora del 11-A en Argelia y Marruecos son terrorismo. Hay quien considera que los atentados palestinos no lo son y todavía quedan algunos ignorantes en el mundo que llaman banda separatista a la banda terrorista ETA. Coincidir en que sus acciones son terrorismo es un paso consistente para condenarlo, oponerse y poner todos los medios para luchar contra él. El terrorismo es una acción irracional promovida por un grupo de violentos sin motivo sin justificación. Por eso, la única forma de evitar el terrorismo y su propagación es persiguiendo a sus promotores y encerrando en prisión a los asesinos. Hasta ahora, el terrorismo islamista había atacado grandes ciudades del mundo occidental como Nueva York, Madrid o Londres. También había arremetido con violencia contra instituciones estadounidenses en terceros países. Incluso, había atacado destinos turísticos en naciones de confesión musulmana. Pero, más allá de Iraq, no había atentado contra gobiernos próximos a su ideología. Cuando Al Qaeda cometió el 11-M en Madrid, se dijo que era una evidente respuesta al apoyo de Aznar a la guerra contra Sadam Husein. Pero el tiempo ha demostrado que no es cierto. Si lo fuera los terroristas habrían desaparecido de España y el actual Gobierno no tendría que haber detenido a un par de células preparadas para matar. Los terroristas todavía tienen el punto de mira sobre nuestro país pese a que hace casi tres años que Zapatero retiró nuestras tropas de Iraq. El terrorismo islamista ataca a todo aquel que no comulga con su fanatismo, sea un conservador como Aznar, un progresista como Tony Blair o un musulmán moderado como Buteflika. Cuando los terroristas islamistas atacan a sus hermanos de fe, ponen de manifiesto que la religión tampoco es el problema. Sus creencias son sólo una excusa barata en cuyo nombre justifican sus muertes. Hay millones de musulmanes en el mundo que creen en Alá y no por ello salen con cinturones de explosivos a inmolarse en plena calle cuando tropiezan con alguien por la ciudad o a su equipo de fútbol le roban los partidos a base de penaltis. El terrorismo islamista es simple y llanamente terrorismo. No hay que buscarle razones y motivos porque no los tiene. Es precisamente la irracionalidad de sus autores y su fanatismo violento, que no religioso, el que está detrás de atentados como los del 11-S en Nueva York, 11-M en Madrid y ahora 11-A en Argel. El motor ideológico de los terroristas no es la fe, sino una carca y absurda entelequia consistente en levantar un imperio desde Arabia hasta Al Andalus. Por eso, el mejor modo de frenarlo es mediante fuertes alianzas con países moderados como Marruecos y Argelia. Ellos ya han tomado conciencia del problema al que se enfrentan. Ellos son quienes mejor pueden luchar contra estos fanáticos de muerte y destrucción que no entienden otro lenguaje que la violencia y el sometimiento a sus designios.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






