ANÁLISIS DE DEPORTES
Acusaciones que revelan chapuzas

Por Roberto J. Madrigal
2 min
Deportes10-12-2006
Las informaciones publicadas en la prensa francesa sobre la vinculación de médicos en el dopaje de futbolistas en el Real Madrid, Barcelona, ¿Valencia? y Betis, además de lo arriesgado de acusar sin pruebas, está dejando en evidencia la mala gestión de la llamada Operación Puerto. El proceso judicial que, allá por mayo, dio en la aprehensión de 224 de bolsas de sangre para transfusiones, discurre lento donde debería, en los tribunales, pero las filtraciones continúan salpicando y haciendo daño a muchos deportistas que deberían mantener la presunción de inocencia. Más aún cuando el principal acusado, el doctor Eufemiano Fuentes, ha manifestado que esas afirmaciones son falsas. Más allá del ciclismo, cuya crisis continúa abierta –ahora con las críticas a la propuesta de efectuar pruebas de ADN a los corredores, la expulsión del Discovery Channel y el Astaná, y con la denuncia de las federaciones europeas al circuito ProTour, que consideran vulnera la competencia y ha sido llevada a la Comisión Europea–, el virus ataca a un deporte que, al menos en España, se mueve en el limbo de unas instituciones paralizadas. Los casos de dopaje confirmados en la Liga han sido víctimas aisladas, puesto que nadie, y menos aún la Federación Española (RFEF) ha hecho nada por investigar, ni lo hará, como tampoco ha hecho nada por protegerlos. Simplemente, se ha mirado hacia otro lado. Lo más triste, con todo, es que en la cruzada de desprestigio a la que, de cuando en cuando, le da por meterse a la prensa francesa –y en la que no voy a entrar, porque responde a una manera distinta de entender el periodismo, no tanto a esas cuestiones de falso patrioterismo en las que van a entrar la mayor parte de los compañeros, que no lo critican cuando se acusa a gente de otros países–, entre tres clubes importantes aparezca involucrado un Betis que no deja de tocar fondo. Al margen de la pobre marcha deportiva de los verdiblancos, cuestión más que comentada en Sevilla –y en la que poco está pudiendo hacer el bueno de Javier Irureta, dicho sea de paso–, resulta indignante el papel de marionetas que tienen los directivos de un club que necesita liberarse de la carga que supone Manuel Ruiz de Lopera. La penúltima pantomima es la convocatoria de unas elecciones para las que no hay candidatos, y para las que en todo caso ese patético personaje que es don Manué, al que se le ha pasado su hora, debe tener la última palabra. La última es que el Betis, aunque sea por un descuido administrativo, haya visto parte de su estadio embargado. Las artimañas legales terminan pasando factura y al club de Heliópolis debe llegar gente honrada y con las manos limpias. Aunque sea necesario un tiempo de crisis en lo deportivo, es necesario que alguien piense más allá de salvar el culo de hoy para mañana.






