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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Al final, todo se decidirá en Madrid

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España22-10-2006

Después de tantos esfuerzos para sacar adelante un Estatuto de Autonomía que aumentase el autogobierno de Cataluña. Tras tanta lucha por impedir que Madrid se beneficie del trabajo del segaor. Después de tanta reivindicación, tanto Catalonia is not Spain, tanto Paìsos Catalans tanta estrelada, al final nada de nada. Ni los insultos a todo aquel que cuestionase la idea del independentismo han sido suficientes. Ni siquiera ha bastado con organizar un partido entre Cataluña y Eskaudi con futbolistas reconvertidos a payasos de un circo de exaltación paleta. Resulta que después de todo, a los políticos catalanes les pasa con España lo que a la mayoría de los hombres con las mujeres: No pueden vivir con ella, pero tampoco sin ella. No deja de ser paradójico que en la actual campaña electoral sea el Partido Popular quien esté recibiendo la mayoría de los insultos agresiones y descalificaciones. Los populares en Cataluña a duras penas superan los 15 escaños frente a los casi 50 del PSC y CiU. Sin embargo, el PP ha sido el centro de todo tipo de estrategias políticas. Algunas realmente extravagantes como esa del “Fóllate a la derecha”. Todos estos gestos tan sólo indican que la clase política catalana una vez más prefiere mirar a Madrid en vez de preocuparse por las necesidades reales de su electorado. Una clara muestra de inmadurez que se deja ver en todos los partidos, comenzando por el propio PP. Los movimientos de los populares responden siempre a intereses nacionales del partido, en ningún caso a los autonómicos. Eso a pesar de las intenciones de su líder, Josep Piqué, que un día quiso ser como Gallardón pero le dijeron que con uno ya tenían bastante. Rajoy, por tanto, utiliza estos comicios como el primer paso serio de su carrera hacia la Moncloa. Mientras, el resto de partidos le siguen el juego encantados. El odio al PP es rentable en la medida que lo es el odio a España y si ellos mismos se encargan de mezclar ambos conceptos, la jugada sale redonda. Dos pájaros de un tiro. El problema que tiene Rajoy es que Zapatero también ha visto en estos comicios una gran baza electoral de cara al futuro, eso sí, con la diferencia que el líder de Ejecutivo tiene todas las de ganar. Suya será la última palabra sobre lo que pase en Cataluña. Será él quien decida entre darle libertad a Montilla para que reedite el Tripartito o hacer que el charnego impasible acepte formar un Gobierno de coalición con CiU. A juzgar por los últimos acontecimientos todo parece indicar que optará por la segunda. Es decir, ceder la Generalitat a CiU a cambio del apoyo de los nacionalistas en Madrid de aquí a las generales del 2008. Eso traducido es lo mismo que decir que a Rajoy sólo le valdría una mayoría absoluta para ser algún día presidente del Gobierno. CiU aceptaría sin pensar ni un momento la oferta de Zapatero. Es mejor que cualquier cosa que le pueda proponer Rajoy. Las encuestas ofrecen pocos cambios con respecto a hace tres años cuando los nacionalistas fueron el partido más votado pero la suma de PSC, ERC, e ICV dio lugar al Tripartito. Por ello, Mas se ha apresurado a firmar ante notario su compromiso con Zapatero. Más que un mensaje para sus votantes, es un mensaje de fidelidad a lo pactado con Madrid. El resto de partidos critican el gesto. Tan sólo están rabiosos por no ser ellos los elegidos. Exactamente igual de rabiosos que el día de la foto de Mas y Zapatero en la Moncloa por el Estatut. Si hace tres años era Carod-Rovira el que sonreía con una llave en la mano presumiendo de que ERC iba a ser quien decidiese el futuro de Cataluña, ahora será el presidente de España quien tenga tal honor. Hay que reconocer que algo ha debido de fallar en la corriente de radicalización independentista emprendida por el Tripartito cuando, ahora más que nunca, la última decisión sobre el futuro de Cataluña se vaya tomar en La Moncloa. Si Companys levantase la cabeza.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio