SIN ESPINAS
A por Cristo

Por Javier de la Rosa
2 min
Opinión22-10-2006
Cada día aparecen en los medios de comunicación noticias que dibujan el mundo orweliano que antaño sólo consideramos ciencia ficción. La dictadura laicista de un mundo deshumanizado y sumido en la neblina de la ciudad de Blade Runner asoma su pata blanqueada por la puerta de nuestra casa para colarse como el lobo feroz. El cristianismo es perseguido en su cuna, la de Occidente, de la misma manera en que Herodes quiso acabar con el Rey de los judíos desde que tuvo noticia de que andaba recostado en un pesebre. Los dirigentes de la BBC, British Airways y Virgin, emblemas de la economía británica, han decidido acabar con cualquier atisbo de referencia cristiana entre sus empleados. El caso más sonado, el de la presentadora de informativos Fiona Bruce, cuya pequeña cruz colgada del cuello sólo molestaba al responsable de la BBC que ordenó que se la quitara. La audiencia ha protestado y el sujeto que dio la orden se ha tenido que comer su aversión al símbolo cristiano. Eso sí, desde la sombra ha dado una razón: que se vea lo menos posible. Si es pequeñito y no brilla mucho, no habrá problema. De lo contrario, dice el responsable de ente, podría distraer la atención respecto del mensaje que la presentadora pronuncia ante las cámaras. La hipocresía es tal que no merece demasiado comentario; y el argumento está cogido con tan pocos hilos que a ese dirigente sólo habría que presentarle la alineación de bellezones con labios inyectados de colágeno y escotes exuberantes que adornan la presentación del mensaje informativo en los telediarios de toda Europa. ¡Eso sí que distrae del mensaje! Y aún así todavía nos enteramos de algo. La British directamente suspende de empleo y sueldo a quien no lleve su crucifijo bajo la ropa pero permite que las musulmanas lleven velo y que los sijs luzcan su turbante sobre la cabeza. Mientras la Virgin veta hasta los broches de una cruz porque dicen que pueden engancharse durante el manejo de los instrumentos. Sin embargo, la compañía está diseñando un uniforme musulmán para sus empleadas de fe islámica. Queda claro que para el laicismo el enemigo no es la religión, pues es esta una religión de increencia la que se pretende imponer. Su enemigo es Cristo y sus seguidores, pues la fe que profesan choca radicalmente con sus pretensiones. Por eso, los ataques y las imposiciones contra el cristianismo nunca vienen del pueblo sino de decisiones gubernamentales o empresariales que son de todo punto arbitrarias e injustificables. Engañarse ante la realidad que nos sobreviene, es querer mirar para otro lado.






