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IRAQ

La violencia no cesa en los días previos a las elecciones

Por Salva Martínez MásTiempo de lectura2 min
Internacional04-12-2005

El periodo de meses sin secuestros de occidentales en Iraq ha terminado. El martes pasado, dos cintas de vídeo reivindicaban los secuestros de cuatro miembros de una ONG y una ciudadana alemana residente en Iraq.

Los cuatro trabajadores de la ONG, Christian Peacemakers Teams (CPT) y la alemana Suzanne Osthoff, tenían algo en común antes de ser secuestrados. Trabajaban en misiones humanitarias en favor de los iraquíes. Los primeros promoviendo la no violencia desde el punto de vista cristiano y, la segunda, repartiendo medicamentos desde que comenzó la guerra en marzo de 2003. Quienes reivindican el secuestro de Osthoff piden que Alemania deje de cooperar con la reconstrucción iraquí. La canciller alemana, Angela Merkel, reaccionó a los hechos la semana pasada, asegurando: “el Gobierno hará todo lo que esté en su poder”. Por su parte, la CPT culpó del secuestro de sus trabajadores a “los actos ilegales” que Estados Unidos y Reino Unido perpetran en Iraq. Desde Washington, la secretaria de Estado de EE.UU., Condoleezza Rice, aseguró la semana pasada que las Fuerzas de Seguridad iraquíes defenderán “muy pronto” el territorio del país. Mientras tanto, la inseguridad sigue reinando en Iraq. Precisamente para combatir a una de las causas de la violencia, la insurgencia, hasta finales de la semana pasada se desarrollaban dos misiones del Ejército estadounidense con el ejército iraquí. Con nombres como Lance y Martillo de hierro, ambas tenían como objetivo luchar contra la insurgencia en la región suní de Al Anbar, en la zona del valle del río Éufrates. El Ejército estadounidense informó el último día de la semana pasada de que la misión Martillo de hierro acabaría en breve, mientras que Lance tuvo que darse por terminada antes de tiempo. Esta decisión se debe, en parte, a la oposición que despierta este tipo de operaciones en la población local. De hecho, la minoría suní llegó a amenazar a finales de la semana pasada con abandonar el proceso político actual y que el próximo día 15 tendrá una cita clave: las elecciones legislativas de las que surgirá el nuevo gobierno iraquí. Que estas operaciones hayan terminado o estén a punto de hacerlo no significa que Iraq no necesite la supuesta “normalización” que buscan los militares estadounidenses e iraquíes. Es más, la semana pasada la violencia puso de manifiesto hasta qué punto la situación actual aleja al país de la “normalidad”. Durante los pasados siete días perdieron la vida 19 soldados estadounidenses, 10 de ellos en el peor ataque que han sufrido las tropas de EE.UU. en los últimos tres meses. Ocurrió el jueves pasado, cuando una bomba explotó al paso de una patrulla de marines a las afueras de la ciudad de Faluya. El último recuento del Pentágono sobre los soldados de EE.UU. muertos en Iraq se hizo público a finales de la semana pasada. Según el documento, 2.125 militares estadounidenses han muerto y otros 16.000 han resultado heridos.

Fotografía de Salva Martínez Más