SER UNIVERSITARIO
Qué nos dicen los muertos

Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión04-12-2005
La inteligencia guarda una poderosa arma que no es desconocida para el universitario: la analogía. La inteligencia capaz de superar el a veces falso dilema entre la “diferencia absoluta” y la “identidad absoluta”, es la inteligencia madura en percibir las analogías, es decir las relaciones entre dos elementos “ni totalmente iguales ni totalmente diferentes”. Hay diversos tipos de analogías, pero hoy y aquí nos importa menos. Basta, por el momento, que sepamos reconocer en dos realidades que pueden ser a un tiempo, aunque en diverso sentido, iguales y distintas. Veíamos, por ejemplo, al distinguir patria y nación cómo una inteligencia ducha en la analogía puede amar, a un tiempo y sin oposición, a su región y su país; o, dicho de otro modo, cómo puede ser que un vasco se sienta a la vez vasco y español. Puede hacerlo, si su inteligencia es fina. Una periodista criticó recientemente a las series de televisión de los “muertos que hablan”. Que los muertos hablan “se puede decir en muchos sentidos”, afirmaría el filósofo que descubrió la analogía. Uno puede referirse a series sobre espiritismo o a otras protagonizadas por vampiros -muertos vivientes-. También puede pensar en otras obras que actualizan el legado de los clásicos o que versan sobre literatura o arte: ya dijo Quevedo que no hay mejor tiempo que el invertido en “escuchar, con los ojos, a los muertos”. Pero el caso es que la periodista se refería a un tercer tipo de muertos parlanchines: los que son estudiados por los CSI. Aquellos cadáveres que guardan, silenciosos como las tumbas que los albergarán, el poderoso secreto capaz de señalar y condenar a su asesino. La periodista dijo que había un solo y aceptable CSI (el de Las Vegas) y que el resto eran un puro y barato filón comercial, especialmente la versión de Miami. Decir que CSI Las Vegas y CSI Miami son la misma cosa, con el mínimo retoque de un cambio de escenario, es no enterarse de nada. En primer lugar, porque en CSI Las Vegas nadie cree que los muertos hablen (“sólo hablan las pruebas”, repite Grissom); mientras que en Miami la forense mantiene vivas conversaciones con los cadáveres, no por loca, sino porque sabe que aquellos cuerpos son humanos y, por lo tanto, más que simple carne. ¿Más? El protagonista de Las Vegas llega a su profesión por curiosidad científica sobre las absurdas motivaciones del hombre, y se mueve en un plano estrictamente científico. El protagonista de Miami sabe que la lucha entre el bien y el mal se encuentra en el corazón del hombre y pone su vida al servicio del bien, no sólo cercando al mal, sino apostando por el bien siempre que el guión se lo permite. De ahí que su lucha sea moral y su conocimiento del hombre mucho más profundo. Las más de las veces, Horatio es capaz de ir muy por delante de las pruebas científicas, porque conoce el corazón del hombre. ¿Qué nos dicen los muertos? Aunque las dos series (Las Vegas y Miami) plateen la misma profesión desarrollada en ciudades distintas, los muertos les revelan a los protagonistas cosas bien distintas. Unas, de orden científico; otras, de orden moral. Los guionistas de una y otra serie son distintos, aunque no se nota por el tipo de casos que tratan, sino por la profundidad de las reflexiones que plantean. Lo mismo ocure con todas las series de televisión. Según quién mire, nos invitan a mejores o peores reflexiones de muy distinto valor. Lástima que demasiados críticos, supuestos formadores de criterio, las juzguen desde una perspectiva tan superficial.






