EL REDCUADRO
En América nadie pide ahora diálogo

Por Antonio Burgos
2 min
Opinión23-09-2001
Se necesita tener mala sangre en las venas para coger un aerosol de pintura y escribir en una pared: "USA paga". Se necesita tener mala sangre para llamar a la radio y decir: "Quien siembra vientos recoge tempestades, que vea ahora Estados Unidos en sus carnes lo que es sufrir matanzas, como los palestinos". Se necesita tener mala sangre para celebrar un festolín en el semillero de hideputas de una taberna vascongada en el mismo instante en que un televisor está dando en directo la imagen de diez mil o veinte mil inocentes hundiéndose con la torre donde trabajaban. Se necesita tener mala sangre y se necesita ser antiguo. Esta nueva era de la Historia que todos dicen que ha comenzado no se ha iniciado, al parecer, para las estantiguas antiyankis. Como su capacidad cerebral es tan corta, no se pueden quitar el chip antinorteamericano del "yankis no, bases fuera", ni las ideas tópicas de leña al mono contra el gendarme mundial y los demoníacos enemigos que querían destruir el paraíso soviético del proletariado. Aunque a lo mejor están más indignados todavía por la respuesta. Seguramente escriben esas pintadas, dicen esas barbaridades por la radio y celebran esos festolines indignados porque en Estados Unidos ningún partido habla de diálogo con los asesinos. Gracias a Dios ésta es la hora en que nadie en América, ni los radicales, ni los liberales, ha dicho que hay que sentarse a hablar con los que mandaron los aeroplanos llenos de criaturas contra las Torres Gemelas, ni mucho menos, para discutirlo, quieren crear un ámbito norteamericano de decisión. Punto en el cual conviene recordar que el terror no tiene patria y las respuestas contra el terror tampoco deben tenerla. Conviene recordar que asesinar a un padre delante de su propio hijo camino de un partido de fútbol es tan horrible como asesinar a miles de personas trabajando en un rascacielos, aunque no se retransmita en directo. Conviene recordar que Hipercor también saltó por los aires en horas de oficina. Obviamente, el color de la sangre y el olor a carne quemada es el mismo en la Gran Manzana que en Madrid o San Sebastián. Si todos los fuegos son el fuego y todas las muertes son la muerte, conviene también recordar que todos los Estados deben ser el Estado ante los ojos de la Comunidad Internacional.
Seguir a @AbeInfanzon

Antonio Burgos
Columnista del diario ABC
Andaluz, sevillano y del Betis
** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor






