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SIN ESPINAS

La Cara de Bush

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión23-09-2001

"La cara es el espejo del alma". La utilidad de esta afirmación pudiera residir en el apoyo que nos brinda para legitimar nuestros prejuicios ante las personas que recién conocemos o que nunca terminamos de conocer. Sin embargo, le otorgamos el mismo valor que a cualquier otro chascarrillo metafórico del lenguaje proverbial. Lástima que la cara de Bush el viernes ante su Congreso no fuera precisamente un tropo. Reflejaba al contrario cientos de evidencias; las verdades que un pésimo actor no sabe ocultar, o peor, que ante ese público no tiene necesidad de guardar. Ojalá su efigie hubiera sido hieráticamente adecuada al momento. Pero las facciones de su rostro no aguantaron tanto baño corrosivo de multitudes. Las reacciones de las Cámaras al son de un discurso mesiánico terminaron por arrancar las muecas delatoras de Billy, el niño con zapatos nuevos: "Se nos ha hecho un gran daño. Hemos sufrido una gran pérdida. Y en nuestro dolor y en nuestra ira, hemos encontrado nuestra misión y nuestro momento". Perfil de moneda en curso, semblante enciclopédico de justiciero, seudo parkinson en las mejillas del grotesco titiritero del mundo. ¡Qué susto ante la faz de un hombre capaz de cambiar la faz del mundo! Miedo ante el ceño fruncido del declarante: "Libertad y temor, justicia y crueldad siempre han estado en guerra y sabemos que Dios no es neutral". Pues si Dios es de Occidente y Dios se decanta, no lo duden, tendremos Guerra Santa. ¡Qué pavor ante la facha del facha! Su rictus, lo vi, dibujó el perfil del infierno: "Los estadounidenses no deben esperar una batalla, sino una larga campaña como no hemos visto ninguna otra jamás". ¿Y ese penúltimo gesto de Pantocrátor? Ese mohín que trazaba la fisonomía del nuevo orden internacional: "Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o están con nosotros o están con los terroristas". Creía yo que esa era la máxima de los extremistas, o del que busca cartas de naturaleza para lo suyo. La última impostura con gesto de terror para el terror la guardó para el yo histórico: "Nunca olvidaré la herida a nuestro país ni a aquellos que la infligieron. No flaquearé, no descansaré, no me ablandaré en la tarea de librar esta lucha por la libertad y seguridad del pueblo estadounidense."¡Ooooh! La cara de Bush, mapa diáfano en el que beber mil temores. Que el Altísimo bendiga la "guerra sucia" ¿verdad? Y "en todo lo que nos espera, que Dios nos dé sabiduría y podamos velar por los Estados Unidos de América". Y por el mundo, hombre. Y ¡por Dios! Que las apariencias engañen.

Fotografía de Javier de la Rosa