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SIN ESPINAS

Un impulso de Esperanza

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura3 min
Opinión03-04-2005

Con su manera de morir, Juan Pablo II nos ha recordado a los cristianos "muertos" que estamos vivos. Muy vivos. "¡Levantaos, vamos!", nos exhortaba en el título de su penúltimo libro. Salta la alarma de incendios en el mundo contemporáneo y a los católicos -por una razón amorosa y misteriosa- nos ha tocado aceptar que hay que ir a apagarlo. Aceptar que tenemos que dar literalmente nuestra vida en el rescate de los que se están ahogando con el humo o incluso se están ya quemando vivos. Aceptarlo con la confianza, perseverancia y fidelidad con la que lo hicieron Jesús y Karol, Cristo y Juan Pablo II, por la salvación de las almas y del mundo. Todos estamos llamados a hacerlo, muchos estamos invitados, pero pocos son los escogidos y los que aceptan tan grandiosa invitación. Juan Pablo II fue un apóstol e hizo y construyó Iglesia. Porque construir Iglesia es ser testigo de Cristo y de su Resurreción. Ser, en definitiva, testigo de Esperanza. Recordemos que a Cristo se le conoce en el mundo por lo que contaron sus primeros discipulos -los padres de la Iglesia- y que luego transmitieron de generación en generación. Juan Pablo II fue el Papa del verdadero Ecumenismo. Nos ha dejado dicho que todos -con nuestro carisma, sensibilidad, diverso y particular carácter, rarezas, defectos y extraordinarias virtudes- todos de la mano de la Virgen, madre de Dios y de Cristo, y su inmutable mensaje de Salvación, estamos al fin y al cabo, en la misma plaza. En la Plaza de San Pedro del Vaticano junto al Papa agonizante y moribundo, humanamente deficiente pero nunca decadente, como él mismo bromeaba ante su siempre maltrecha salud. Y recordemos que a la hora de la verdad -la hora de la muerte- todos los focos del mundo, todas las luces, ojos y objetivos apuntaban hacia las dos mismas ventanas. Es como si supieran instintivamente adonde mirar. Ahora entiendo por qué dicen que todos los caminos llevan a Roma. Aceptemos esa realidad y al Camino, la Verdad y la Vida que es Jesucristo; y lleguemos plenamente felices al destino desde el primer paso de la travesia. Esto último, lo dicen quienes creen de verdad pero yo me resisto a afirmar que me esté atreviendo a cumplirlo como Dios manda. Juan Pablo II me dió la clave para hacerlo en las primeras palabras que pronunció tras ser elegido sucesor de Pedro: " No tengáis miedo", les espetó a los primeros que le escucharon en vivo y en directo. Lo mismo que les reiteraba el Hijo de Dios a sus discípulos en los momentos de zozobra. Así empezó Wojtyla su pontificado y se despidió de España, de los jóvenes españoles y de mí asegurando que nuestro país ha sido elegido por la providencia. Que tenemos una gran misión reevangelizadora por volver a llevar a cabo. "España siempre será España", aseguró en privado en uno de sus cinco viajes. España, tierra de María, de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz. Su lema de despedida para el quinto viaje a nuestra patria fue " Seréis mis testigos"; y testigo quiero ser yo de su Esperanza. ¡Ayudadme a trasmistir la Esperanza que él ha impulsado!

Fotografía de Javier de la Rosa