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Los inmigrantes, sin hueco en el mundo

Por La SemanaTiempo de lectura2 min
Sociedad01-09-2001

Occidente no se da cuenta de que quienes sufren las consecuencias de la inmigración son esos miles de personas que se lanzan a la conquista de un futuro mejor. Muchos de esos casos se dan frente a las costas españolas, donde, en pésimas condiciones, muchas personas se lanzan al mar con la esperanza de encontrar una vida mejor.

Sin embargo, los mayores beneficiados son las mafias, las redes de tráfico de inmigrantes, cada día más organizadas, ricas y fuertes, que cobran entre 300.000 y 400.000 pesetas por un viaje clandestino hacia Europa. Estos grupos delictivos proporcionan a los inmigrantes ofertas de trabajo y documentos falsos para legalizar su situación, y otras muchas propuestas que nunca llegan a hacerse realidad. En este sentido, el presidente de ATIME, Abdel Hamid Beyuki, exige una "mayor cooperación policial" entre el Ejecutivo Español y el de Marruecos. El caso español muestra además otros ejemplos a la hora de acoger, recibir y expulsar inmigrantes. La mayoría de la inmigración ilegal que llega a España posee nacionalidad marroquí. Se les devuelve en las 72 horas posteriores a su detención a través de la frontera terrestre de Ceuta o por el puerto de Tánger –en el caso de que lleven pasaporte-. Si en el año 2000 la policía española expulsó a más de 11.000 ciudadanos marroquíes que llegaron a las costas del sur de España, las cifras parecen aumentar en lo que va de 2001. En la primera mitad de este año se han devuelto más de 5.000 inmigrantes a sus países de procedencia. Sin embargo, no todas las personas que llegan a España de forma ilegal son expulsadas. Casi 3.000 subsaharianos no pudieron ser retornados a sus lugares de origen en el año 2000, pues su expulsión inmediata es difícil de llevar a cabo si no poseen documentación y los países de origen no les reconocen como ciudadanos. La inmigración se irá agravando si no cambia la situación socioeconómica de los países del Tercer Mundo, cosa que resultará difícil por el problema añadido de la superpoblación. Se ha calculado que en 50 años la población de estos países se duplicará y la recepción en los países de destino será aún más difícil. En España, las últimas oleadas de la inmigración ilegal acabaron albergadas provisionalmente en polideportivos, por falta de infraestructuras.