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FESTIVAL DE MÉRIDA

“Dios es un juglar”

Por Roberto González GarcíaTiempo de lectura1 min
Cultura01-08-2004

Darío Fo exhibe la irreverencia corrosiva de la farándula en sus espectáculos, y también en su aparición en el Festival del Teatro Clásico de Mérida. Casi excomulgado, fingió gozar con una monja ante 600 personas. “Si Dios existe -dijo- ama la risa. ¡Si Dios existe, es un juglar”. En su espectáculo en Mérida, alternó lo escatológico con lo exageradamente satírico. La organización del Festival se mostraba orgullosa de contar con él en el programa. Con motivo de las 50 ediciones del Festival, decidieron crear el Premio Scaena, y desde el principio se pensó en el Nóbel italiano como la persona ideal para inaugurarlo.

Pero Darío Fo no pareció muy contento con esta propuesta, así que negoció con los organizadores compartir el Premio con su mujer, Franka Rame, y una actuación en el Festival. Así se gestó la representación de Rosa fresca altísima y otras juglarías, donde Fo dio rienda suelta todas las críticas que lleva dentro. Salió al escenario él solo, pero justo después, una traductora ocupó un lugar junto a él. El actor comenzó su monólogo, mientras que la traductora se esforzaba por seguirle el ritmo. El dinero, los Estados Unidos, la guerra, Berlusconi... todo pasó por su tamiz, dando su opinión a un público plenamente entregado que no dejaba de aplaudir las ocurrencias del espectáculo. En un principio, la representación debía de durar hora y media, pero se prolongó lasta los ciento veinte minutos gracias a lo agradable de la velada. Tras la función, José Sacristán salió al escenario romano para leer una loa al dramaturgo italiano. Después se le entregó el Scaena, que pretende ser una alabanza a toda una vida entregada al teatro, y de eso se sabe mucho en Mérida. La estatuilla del premio es de bronce, y pesa ocho kilos. “¡Me rompería la espalda!”, gritó Fo, que no lo movió el atril, argumentando cansancio después de la función. Reproduce el teatro de Mérida.