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El precio del diálogo

Por Noelia Hernández MartínTiempo de lectura2 min
España02-04-2004

Diálogo, consenso y respeto al adversario son las máximas que promete el próximo presidente del Gobierno. Las relaciones con los nacionalismos y con la oposición del PP serán las pruebas de fuego en la próxima legislatura.

La actitud de José María Aznar durante su gobierno se caracterizó por una barrera en las relaciones con los nacionalistas vascos y catalanes. La oposición de Zapatero se caracterizó por su abanderamiento de un talante dialogador y abierto, que prometía poner en práctica en el caso de llegar a la Presidencia del Gobierno. La promesa es ahora un riesgo que tendrá que asumir en su nueva etapa como presidente del Gobierno. Si quiere ser amigo de todos, tanto de los que se reúnen con ETA, como de los que piden la autoderminación, como con la propia oposición del PP, Zapatero tendrá que hacer verdaderos malabarismos. Los nacionalistas no han tardado en subirse al tren de las reivindicaciones. Aún no ha sido investido como presidente, y Zapatero ya tiene una larga lista de peticiones nacionalistas. La zona de máximo riesgo es Cataluña, donde el también socialista Pasqual Maragall gobierna en coalición con Esquerra Republicana de Catalunya. La consejera de Educación, Marta Cid, aseguró la semana pasada que la Generalitat no aplicará el próximo curso la Ley de Calidad Educativa (LOCE), que impulsó el PP, lo que significa un nuevo desafío a la legalidad vigente y a la aplicación de las leyes estatales. ERC espera que el futuro titular de Educación del Gobierno socialista tome cartas en el asunto. Un juego astuto que obliga ya al próximo Ejecutivo a revisar la ley si no quiere tener problemas con sus socios nacionalistas en Cataluña. La ministra de Educación en funciones, Pilar del Castillo, aseguró que es una situación "sin precedentes". Explicó que una norma no derogada es de obligada aplicación para las comunidades. La consejera republicana actuó en contra de la Constitución que pena toda arbitrariedad de los poderes públicos que crean incertidumbre en la ciudadanía. Aprovechando la coyuntura, el Gobierno vasco ya ha anunciado que seguirá los pasos de sus vecinos catalanes. La consejera vasca de Educación, Anjeles Iztueta, se sumó a la postura y asegura que no aplicarán la LOCE el curso que viene, independientemente de la determinación que adopte el nuevo Gobierno socialista. Y es que cada vez son menos las diferencias entre los nacionalistas catalanes y los vascos. Josep Lluís Carod-Rovira, el mismo que se reunió con la cúpula de ETA, equiparó la semana pasada el plan del lehendakari, Juan José Ibarretxe, a la propuesta que plantea el tripartito catalán, al asegurar que ambos proyectos "son exactamente lo mismo", ya que en su esencia persiguen "avanzar hacia mayores cotas de autogobierno". Pese "a ser dos países distintos", Carod-Rovira afirmó que, en definitiva, tanto Cataluña como el País Vasco "están hablando de lo mismo", de "un gobierno tripartito integrado por tres formaciones políticas distintas" que "tiene su propia propuesta sobre cómo se puede avanzar en mayores cotas de autogobierno para cada país". Uno de los socios de Carod- Rovira es Maragall, un lastre que augura pesarle mucho a Zapatero durante su Gobierno.