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Cuatro atentados en Iraq dificultan el camino hacia las primeras elecciones

Por Vicente García GandíaTiempo de lectura3 min
Internacional08-02-2004

Cien muertos en un atentado doble en la sede de los dos principales partidos kurdos a principios de la semana pasada, un intento fallido de asesinar a Alí Sístani, líder de los chiíes del país, y otra bomba a la entrada de una comisaria en Sweira conforman el terreno sobre el que la ONU mueve ya las primeras fichas para la celebración de comicios democráticos en Iraq.

La sangre empezaba a derramarse a principios de la semana pasada en la ciudad kurda de Erbil, donde dos atentados simultáneos en las sedes del Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), con 13 kilos de dinamita dejaban un reguero de 100 victimas mortales y casi 250 heridos en la que se convirtió en la mañana más sangrienta que ha vivido el país desde la caída de Sadam. El día elegido no era un día cualquiera y el mando estadounidense ya había alertado de los grandes riesgos; en efecto, coincidía con la Fiesta del Cordero, sin duda una de las fechas más simbólicas del año para los musulmanes. Desde el primer momento, los responsables de los partidos acusaron sin dudarlo a los integristas de Ansar al Islam, grupo vinculado a Al Qaeda, de ser responsables de la barbarie. Y encontraron en esta matanza la justificación más convincente de lo que ellos anhelan: una autonomía kurda dentro del estado federal iraquí que, siempre según ellos, no pondría en peligro la unidad, por llamarlo de alguna manera, del país. El siguiente objetivo de los suicidas sería la comunidad chií, que representa ni más ni menos que a cerca del 60 por ciento de toda la población. De esta forma, el viernes por la mañana, Alí Sístani, líder de los chiíes de Iraq, conseguía salvarse de un intento de asesinato. Una muerte que habría tensado aún más las cuerdas sobre el terreno de juego ante la impredecible pero segura exaltación de los chiíes, que, por el momento, consideran a Ali como el personaje más influyente en todo el país. Las últimas víctimas de los cinturones de dinamita serían, como cierre a una semana ya demasiado trágica, tres policías de la comisaría de Sweira, a 50 kilómetros de la capital. Y es que estos centros se han convertido en uno de los lugares por los que más puntos parecen conseguirse en esta diana del terrorismo integrista, que no deja pasar ni el más mínimo atisbo de colaboración con Paul Bremer aunque implique a la reconstrucción de Iraq. Sangre y más sangre que parece oponerse a la celebración de unas elecciones democráticas que, para EE.UU. no podrán tener lugar antes de 2005. Pero para decidir sobre esta cuestión ya trabaja sobre el terreno una delegación de Naciones Unidas, que vuelve a Iraq por primera vez desde que evacuase a todo su personal tras los atentados que tuvieron lugar a finales del verano pasado. En palabras de Kofi Annan, "el equipo de la ONU se reunirá con representantes de todas las partes y escuchará todos los puntos de vista y perspectivas iraquíes, sin excluir a nadie”. “Espero que el trabajo de ese equipo ayude a resolver el punto muerto en el proceso político de transición que conduzca a establecer un Gobierno provisional en Irak”, añadió Annan. Por su parte, el The Washington Post ponía en boca de altos funcionarios estadounidenses que "la Administración señala que se mantiene fiel a sus planes de traspaso de soberanía, pero el equipo de las Naciones Unidas cuya llegada a Iraq está prevista para el viernes podría proponer una nueva forma de entrega del poder si considera que las elecciones no pueden tener lugar en junio, como estaba previsto”.