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MEDIOS DE COMUNICACIÓN

El ex director de la BBC, presionado para controlar información sobre la guerra de Iraq

Por Cristina FuertesTiempo de lectura2 min
Comunicación08-02-2004

El caso Kelly sigue dando de que hablar. Después de el director de la BBC, Greg Dyke, dimitiera tras conocer el informe del juez Hutton, en el cual exoneraba al Gobierno británico sobre del suicidio de David Kelly, ahora denuncia “presiones sistemáticas” del poder gubernamental de Tony Blair a la cadena pública durante la guerra de Iraq.

La gran polémica desatada por la guerra de Iraq ha salpicado a la paz de los gobiernos que decidieron apoyar el conflicto bélico. En el Reino Unido, el caso Nelly ha fomentado que la opinión pública británica no apoye la política de Tony Blair, aunque la sentencia del juez Hutton le ha exculpado del suicidio del alto funcionario David Kelly. El veredicto provocó que el director de la BBC, Greg Dyke dimitiera de su cargo. Sin embargo, ahora denuncia que el Gobierno británico llevó a cabo “presiones sistemáticas” hacia la cadena pública, durante la cobertura de la guerra de Iraq. En declaraciones al periódico The Sunday Times, Dyke señaló que Alastrair Campbell, el ex jefe de prensa del primer ministro, Tony Blair, había afirmado a la BBC que era “una guerra de desgaste”, en un momento en el que se intentaba “informar bien y de forma ecuánime sobre una noticia difícil”. Asimismo, afirma que Campbell negó informaciones a la cadena pública, las cuales resultaron ser ciertas. Por otro lado, el ex director de la cadena pública ha afirmado que él no quería renunciar a su cargo, pero que se vio obligado después de que la junta de gobernadores le retiraran su apoyo. Hace tan sólo unos meses, la BBC difundió una entrevista con un alto funcionario, David Kelly, quien dio a entender que el Gobierno había manipulado los informes de los servicios secretos para hacerlos más favorables a su causa y hacer creer a la población británica que el Iraq de Sadam Huseein poseía armas de destrucción masiva. Tras la entrevista, la polémica se desató en el Reino Unido y las críticas llovieron como un chaparrón sobre el Gobierno de Blair. Sin embargo, el hombre que había desmontado las justificaciones para el apoyo de esta guerra, aparecía muerto en su casa.