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Paul Bremer anuncia que salio ileso de un atentado a principios de diciembre

Por Chema GarcíaTiempo de lectura2 min
Internacional21-12-2003

“Afortunadamente, estoy vivo”. Con estas palabras concluía Paul Bremer, el administrador estadounidense para Iraq, un sorprendente relato en el que dio a conocer a los medios de comunicación que el convoy en el que viajaba fue objeto de una emboscada en las cercanías de Bagdad el pasado 6 de diciembre.

El incidente ocurrió el mismo día en el que el secretario de Defensa de estadounidense, Donald Rumsfeld visitaba Iraq, por lo que se prefirió ocultarlo. Bremer retornaba del aeropuerto de Bagdad cuando un artefacto hizo explosión al paso de su caravana y el personal que le acompañaba fue atacado con armas cortas. El grupo de vehículos del convoy consiguió salir del lugar sin que hubiera heridos. En cualquier caso, las autoridades norteamericanas no han descartado que el atentado hubiese sido aleatorio, sin que los atacantes supiesen realmente a quien disparaban. De lo contrario, todo indicaría que los insurgentes habrían manejado información con un alto grado de fiabilidad para llegar hasta Bremer, algo no del todo disparatado, si tenemos en cuenta que Sadam Husein había logrado penetrar en el aparato de seguridad de la Autoridad Provisional de la Coalición y en algunas de las decisiones de los militares de EE.UU. en Iraq, según un documento hallado en el escondite del tirano, detenido el pasado 13 de diciembre. A pesar del arresto del ex presidente iraquí, los insurgentes no han cesado de atacar a las tropas de la coalición. Apenas horas después de que Husein estuviera ya en manos norteamericanas, un coche bomba estallaba frente a un cuartel de Policía en Jaldiya, al norte de Bagdad, y dejaba al menos 18 muertos y 30 heridos. La jornada posterior a la captura del dictador fue la más sangrienta. Los fieles a Sadam enviaron otro mensaje a EE.UU. en forma de dos atentados suicida contra cuarteles policiales, que acabaron con la vida de doce iraquíes en las proximidades de Bagdad. Tikrit, la ciudad natal de Husein y donde éste fue detenido, fue bloqueada por decenas de tanques que circulaban por las calles, helicópteros y el Ejército estadounidense listos para repeler cualquier ataque de la resistencia o cualquier manifestación en apoyo de su “hijo pródigo”. Un día después, el pasado martes, el Ejército de EE.UU. detuvo a 79 rebeldes y mató a otros once en una operación que abortó una emboscada preparada en su contra en la ciudad de Samarra, a cien kilómetros al norte de la capital. Bagdad se ha convertido en el principal foco de insurgencia. Al menos diez personas perdieron la vida y 22 resultaron heridas, en lo que en parece ser otro atentado suicida en el que un camión de combustible estalló en un populoso barrio del centro. Las autoridades estadounidenses aseguraron que se trató tan solo de un accidente. La semana se cerró con la muerte de tres policías iraquíes cerca de un control en Salman Pak, a 90 kilómetros al sur de Kirkuk, alcanzados por disparos de soldados estadounidenses, que los confundieron con miembros de la guerrilla; con el ataque a una patrulla norteamericana con un cohete anticarro en la región de Ramadi; y con otros dos atentados contra los oleoductos que unen los campos del norte y sur de Irak con las refinerías del centro.