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ORIENTE PRÓXIMO

Violencia, corrupción y escaso respeto a las minorías marcan el preámbulo electoral

Por Salva Martínez MásTiempo de lectura2 min
Internacional05-01-2003

Una evaluación de la política del actual Gobierno israelí tendrá lugar el 28 de enero. A un mes escaso de las elecciones, el presidente del país, Motshé Katsav, afirma: "no encuentro una solución al problema del terrorismo (palestino) ni en el seno de la izquierda ni en el de la derecha".

La seguridad es la clave de estas elecciones. Lo demuestra que la corrupción apenas haya dañado a los principales partidos en Israel. Tanto el actual partido en el poder, Likud, como el principal opositor, Partido Laborista, están acusados de corrupción. Personas vinculadas a ambos partidos ofrecieron pagos para que votaran a favor de sus candidatos. Así lo han desvelado investigadores policiales en el transcurso de la pasada semana. Ambos partidos se perfilan como los que ocuparán el poder ejecutivo gracias a un Gobierno de unidad nacional. Todo ello a pesar de que el Likud, el partido más investigado hasta hoy, bajará -según las encuestas- su número de escaños de 42 a 32. El Partido Laborista quedaría con 22 diputados. El descenso del Likud se debe, en parte, a que uno de los hijos del primer ministro, Ariel Sharon, está inmerso en turbios asuntos según han informado fuentes policiales. Partidos minoritarios que representan a los árabes israelíes (20 por ciento de la población) no contarán con dos de sus más prestigiosos diputados. Ahmed Tibi y Azmi Bishara no estarán en el Parlamento israelí porque según el Comité Electoral de Israel su apoyo a la Intifada constituye una "actividad peligrosa ". De nada han servido posteriores matizaciones de sus posturas, ahora ellos hablan de "segregación política". Otra minoría es la de los israelíes reservistas, que se niegan a combatir en los territorios ocupados. Semana atrás, el Tribunal Supremo de Israel rechazó la demanda de más 500 militares en la que se solicitaba el reconocimiento oficial a no servir por razones de conciencia. Sobre el terreno, la violencia sigue sin tener un claro punto final. Ni siquiera existe un punto de partida de negociación para la paz. Además, como colofón a la semana pasada, dos atentados suicidas palestinos se cobraron la vida de, al menos, 20 israelíes e hirieron a otros 100 en Tel Aviv.