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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Con su lado oscuro

Fotografía
Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional20-10-2018

Con su lado oscuro, este juego de palabras que parece inocente, refleja la crueldad y la alevosía sufrida por el periodista saudí nacionalizado estadounidense Jamal Khashoggi, quien en más de una ocasión se había mostrado muy crítico con el Gobierno de Arabia Saudí.

Khashoggi acudió al consulado saudí en Estambul (Turquía) para hacer unos trámites burocráticos y no se volvió a saber nada de él. La que es una institución estatal que debe velar por sus compatriotas en el extranjero, en esta ocasión no solo no lo hizo, sino que además, se convirtió en una trampa mortal.

Ante las sospechas de que el periodista había sido asesinado, los principales países europeos demandaron una investigación exhaustiva para determinar qué ocurrió. Mientras tanto, el Gobierno de Arabia Saudí iba cambiando su versión de los hechos, lo que generaba más sospechas. Las autoridades saudíes empezaron amenazando con represalias económicas contra todos aquellos estados que cuestionarán su explicación oficial y su sistema político. Sin embargo, ha acabado reconociendo que el periodista falleció en sus instalaciones consulares mientras estaba bajo su custodia y aduce que el asunto se les fue de las manos.

No le quedaba más remedio que reconocer esta versión, especialmente cuando todas las sospechas apuntaban hacia esa posibilidad, y hasta Estados Unidos, gran aliado, cuestionaba la información y exigía explicaciones y transparencia. Al fin y al cabo, Khashoggi tenía nacionalidad estadounidense.

Las autoridades turcas dicen tener pruebas de que el periodista saudí fue torturado y descuartizado. Ahora, queda saber si esta terrible acción fue ordenada por el Estado saudí o si fue cometida por un grupo de personas próximas a las altas esferas para quienes Khashoggi era molesto. Es más que probable que para suavizar lo ocurrido, se acabe imponiendo esta última posibilidad (sea o no cierta), se depuren responsabilidades y hasta se haga alguna purga, aunque solo sea de cara a la galería. Aun así, el asesinato no fue en un oscuro callejón de Estambul, sino en un edificio oficial saudí de esta ciudad turca.

Arabia Saudí cuenta con una enorme riqueza fruto del petróleo y con mucho más poder de lo que parte de la opinión pública cree. Evidentemente, no tiene la capacidad de disuasión que los países con armas atómicas, pero es tal su influencia y su capacidad petrolífera, que sus represalias pueden tener graves consecuencias económicas para el mundo, que tanto depende del petróleo y de sus derivados.

Mientras tanto, hasta que el oro negro se acabe o se encuentren fuentes de energía renovables y el mundo sea menos dependiente, no queda más remedio que tragar con las autoridades saudíes, sus peculiaridades y sus formas de dirigir el país, le pese a quien le pese.