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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Lula no puede

Fotografía
Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura2 min
Internacional04-10-2018

Luiz Inácio Lula da Silva no puede presentarse a las elecciones presidenciales de Brasil. Mejor dicho, se lo impiden. El expresidente del país está en prisión, desde el pasado mes de abril, cumpliendo una condena de 12 años por delitos de corrupción y blanqueo de capitales.

El mandatario siempre ha defendido su inocencia, cree que sufre una persecución y mantiene una lucha judicial con la esperanza de recuperar el poder ocho años después de haberlo dejado.

Sin embargo, el Tribunal Superior Electoral brasileño ha aplicado la Ley de Ficha Limpia, que el propio Lula da Silva impulsó y que ahora se convierte en su principal traba. Según el texto legal, una persona no puede ser candidata si ha sido condenada en dos instancias, como sucede con Lula.

El expresidente ha presentado un recurso ante la Corte Suprema para salvar su candidatura a las elecciones del 7 de octubre e incluso está dispuesto a llevar su caso a organismos internacionales.

Según los sondeos, Lula contaba con una intención de voto del 40%. A pesar de la condena por corrupción, el exmandatario sigue siendo considerado por gran parte de los brasileños como uno de los mejores políticos de la historia de Brasil, ya que logró desarrollar económicamente al país, reducir la pobreza y mitigar los problemas sociales que asolaban a la población.

La decisión del Tribunal Superior Electoral de impedir tanto la candidatura de Lula como que se use su imagen con fines electorales ha sido un jarro de agua fría para el Partido de los Trabajadores (PT), que confiaba en el tirón popular del expresidente.

Salvo que prospere alguno de los recursos interpuestos, el PT tiene que encontrar otro candidato que aunque no cuente con el carisma de Lula sí pueda obtener réditos de lo que consideran una injusticia. Aun así, existe la posibilidad de que sus seguidores pierdan el interés, se abstengan y acabe llegando un adversario al poder.

El resultado que se obtenga el 7 de octubre no solo va a marcar el devenir político de Brasil sino también el social. La crispación actual que está generando la situación judicial de Lula puede agravarse si los partidarios del expresidente ven cómo este sigue en prisión y, además, el Partido de los Trabajadores no alcanza el poder.

El riesgo es evidente, por lo que el nuevo presidente, sea del partido que sea, deberá esforzarse por calmar los ánimos, gobernar adecuadamente tanto para los que le han votado como para los que no y alejarse de la tentación de la corrupción. No es nada fácil, pero es su responsabilidad.