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TENIS

París se rinde ante el undécimo Roland Garros de Nadal

Por Nacho MartínezTiempo de lectura2 min
Deportes11-06-2018

En París ya no saben cómo homenajear a Nadal para ensalzar una leyenda que no tiene límites. La organización de Roland Garros tiene que reinventarse año tras año para no repetir una ceremonia de entrega de premios que siempre cuenta con el mismo protagonista: el tenista balear. Y es que el héroe español levantó ayer su undécima Copa de los Mosqueteros tras barrer en tres sets a un digno rival como Thiem en la gran final.

Rafa ya sólo mira para arriba en 'Grand Slam' y por delante de él, entre los hombres, sólo encuentra a Roger Federer con 20. El tiempo dirá si le coge pero los cinco años de diferencia entre ambos son una buen medidor de lo que puede llegar a pasar. Lo que está claro es que Nadal pasará a la historia como el mejor tenista sobre tierra batida, cada año que pasa pone el listón un poco más alto, inalcanzable ya para cualquier moral. Porque no sólo son los 11 Roland Garros, sino el récord de sets ganados de forma consecutiva y la ristra de torneos cosechados cada vez que llega la temporada en arcilla.

Este año sólo se le ha resistido el Master 1000 de Madrid, en el que precisamente cayó derrotado por Dominic Thiem, su rival en la final de París. En dos años sólo ha perdido dos partidos en su superficie favorita, los dos frente al austríaco que ha demostrado ser digno sucesor del balear. Todo lo demás lo ha ganado Rafa: Montecarlo, Barcelona, Roma y Roland Garros, y con una superioridad casi insultante, sólo ha cedido un set en todo el torneo disputado en la capital francesa.

Rafa Nadal comenzó como un torbellino la final y enseguida se puso con break arriba en el primer set. Sin embargo, el juego de Thiem estaba siendo bueno y parecía presagiar un encentro más igualado. De hecho, consiguió recuperar el saque perdido y llevó la primera manga hasta un 4-4. A partir de ahí Nadal quiso zanjar la final y con dos juegos consecutivos se llevó el primer set y le transmitió un mensaje al austríaco: "esto se ha acabado". Así fue, Rafa no bajó el pistón, y desde entonces no cedió un turno de saque. Rompió una vez en el segundo set y dos en el tercero acortando los plazos de una final que llevó a Nadal a conquistar su undécimo Roland Garros.