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JMJ

El Papa anima a los jóvenes a dejar huella y "no vegetar"

Por Paula Martínez del MazoTiempo de lectura3 min
Sociedad30-07-2016

El discurso del Papa Francisco en la vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud fue una verdadera llamada de atención a los casi dos millones de jóvenes que participaron del evento en el denominado Campus de la Misericordia. Constatar la realidad que les rodea, no mirarse a sí mismos y hacer algo en consecuencia fueron las tres ideas fundamentales que el Pontífice quiso transmitir aquella noche.

Se podría decir que el Campus de la Misericordia es en Cracovia lo que el aeródromo de Cuatro Vientos fue en Madrid. Para escuchar las palabras de Francisco, los jóvenes asistentes tuvieron que vivir una auténtica odisea para llegar al lugar donde podrían disfrutar de la vigilia. Dependiendo de la zona asignada, es posible que las personas tuvieran que recorrer fácilmente más de media hora de camino hasta llegar a lo que sería el lugar de alojamiento de casi un millón de peregrinos aquella noche de vigilia. Una noche que se intuye que fue especial desde el principio, cuando el Papa Francisco entró a las seis de la tarde al Campus de la mano de seis jóvenes, representantes de los cinco continentes, y cruzaron la Puerta Santa, símbolo del Jubileo de la Misericordia que termina en diciembre de este año.

De manera ya tradicional, los papas suelen recorrer la explanada en donde se realiza la vigilia en el papamóvil para poder saludar a los jóvenes, ya que muchos de ellos sólo lograrán verlo a la distancia y en una pantalla gigante a pesar de estar en el mismo lugar que él. Con su característica originalidad, el Papa Francisco invitó a subir a los jóvenes que iban de su mano al papamóvil y luego les invitó a sentarse en el suelo en el escenario, cuestión que no estaba prevista.

Este “Papa de los imprevistos” pronunció un discurso muy directo, repetitivo, como quien quisiera que calara de verdad, aunque sea por la cantidad de veces que repetía la misma idea. El Papa insistió mucho a los jóvenes en que esta convocatoria no era para mirarse a sí mismos sino para entender que aquello que se ve en las noticias, la gente que sufre el terrorismo, las guerras, tienen un rostro concreto y que son jóvenes también como los que viven en la tranquilidad en sus hogares.

Remarcó la importancia de que estas realidades no podían ser lejanas para nadie, mencionando concretamente a Siria, y que la respuesta que pueden dar los jóvenes a este mundo en guerra tiene un nombre: “Se llama fraternidad, se llama hermandad, se llama comunión, se llama familia“. La conciencia de la realidad que les rodea y la llamada a la acción dejando de lado la propia comodidad fueron dos ideas que se repitieron constantemente en el discurso del Papa Francisco.

Después de un rato de oración en silencio, Francisco recordó el pasaje de Pentecostés para incitar a los jóvenes a que no tuvieran miedo y a que no confundieran la felicidad con la comodidad de la época moderna.

"Pero en la vida hay otra parálisis todavía más peligrosa para los jóvenes, y muchos veces difícil de identificar; y que nos cuesta mucho descubrir. Me gusta llamarla la parálisis que nace cuando se confunde felicidad con un sofá. Sí, creéis que para ser feliz necesitamos un buen sofá. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá que nos garantiza hora de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora", dijo.

Ante esta realidad, el pontífice animaba a los jóvenes a "no vegetar" sino a dejar huella, incluso remarcó de forma explícita que Dios les invita "a ser actores políticos activos, personas que piensan, movilizadores sociales". Acto seguido comentó la importancia de una economía solidaria y de que todos los ámbitos de la vida estén marcados por el deseo de llevar la buena nueva, el evangelio. “Este tiempo sólo acepta jugadores titulares en la cancha, no hay espacio para suplentes”, dijo casi al terminar el discurso para remarcar la importancia de que los jóvenes tomaran un papel protagonista en sus vidas.

Además del momento de oración y de las palabras del Papa, la velada contó con testimonios de jóvenes de diferentes partes del mundo, espectáculos de música y bandas de jóvenes que cantaron para el Papa.