BRASIL
Brasil se enfrenta a la peor crisis política y económica de su historia
Por Selene Pisabarro
3 min
Internacional13-05-2016
El segundo mandato de Dilma Roussef ha sumido a Brasil en la que ya está considerada como la peor crisis económica de su historia y se enfrenta a una de las mayores recesiones que ha sufrido. A pesar de que el impeachment del Parlamento le ha apartado del poder, la presidenta aún no está manchada por la corrupción del Partido de los Trabajadores (PT) que ya ha salpicado a su antecesor, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Sin embargo, Roussef fue ministra de Minas y Energía, además de presidenta del Condejo de Administración de Petrobras antes de que saltara a la luz el fraude. Durante los últimos meses la Justicia brasileña ha investigado el caso de blanqueo y lavado de dinero, además de corrupción del PT. Entre los numerosos imputados también hay condenados, como el ex tesorero Joao Vaccari, condenado a 15 años de prisión, al igual que el último jefe de campaña de Roussef.
Lula da Silva llegó al poder hace 13 años, cuando el país alcanzaba una inflación del 12,53% y un déficit del 60% del PIB brasileño que había dejado el anterior presidente, Fernando Henrique Cardoso. Asimismo, el crecimiento económico apenas era del 1% y un 30% de los brasileños vivían en situación de pobreza. Por eso, Lula se propuso en su primer discurso como presidente terminar con la carencia de alimentos y mejorar la marcha del país antes de terminar su mandato.
Fueron los mejores años de un Brasil dominado por la izquierda y que renovó la legislatura de Lula en el 2006. Eran los tiempos en los que la figura de Hugo Chávez se erigió como presidente en 1998 y en la que numerosos gobiernos comenzaron a ser de izquierdas. Ahora Brasil se enfrenta al efecto dominó de los países vecinos: la llegada de los opositores venezolanos a la Asamblea Nacional, la caída del poder de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina o la derrota del referéndum de Evo Morales en Bolivia para ser reelegido.
Lula redujo un 45% el número de pobres y un 47% el número de personas extremadamente pobres, tal y como contrastó el Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD). El acceso a la electricidad también se extendió a todos y el salario mínimo aumentó un 5'3% cada año entre el 2002 y el 2012. Más tarde, la ONU declaró a Brasil como un país sin hambre.
Durante esta etapa no sólo Brasil experimentó el auge económico hasta elevarse como potencia, sino toda Latinoamérica. Las materias primas y el petróleo dejaron un alto número de ingresos que se destinaron a programas sociales. A pesar de esto, el PT no lideró un Gobierno previsor de cara a una nueva crisis, si no que gastó todo el dinero que recibía. Además, ha contado en los diferentes mandatos con el mayor partido de Brasil, el Partido Democrático Brasileño (PMDB).
Sin embargo, poco duró la bonanza económica. Con Roussef como sucesora de Lula en el 2014 la inflación volvía a aflorar por encima de los niveles comunes y el dólar se disparaba. La figura de la presidenta ha sido muy diferente durante estos seis años que ha gobernado. Frente a la popularidad y cariño que tenían los brasileños a Lula, Roussef se ha caracterizado por su fuerte carácter, lo que ha repercutido de mal modo en su liderazgo y, a su vez, ha sido un elemento decisivo para su destitución. El espíritu de Lula se contagió al resto de ciudadanos, que aunaban las esperanzas de mejorar económicamente gracias a un Ejecutivo de izquierdas que luchó por los derechos y libertades de los trabajadores.
Así, el Partido de los Trabajadores pone fin a 13 años en el Gobierno. Una formación que ha representado a la izquierda y que ahora dejará durante al menos seis meses a un presidente interino del PMDB hasta que el Senado decida qué camino tomar. Al mismo tiempo, el PT está muy debilitado debido a las discrepancias internas y, particularmente, sobre la elección del nuevo líder del Ejecutivo, al que no reconoce como presidente legitimo.
Se prevé que este año sea el segundo consecutivo de recesión en Brasil y que no se alcancen los niveles normales hasta el 2019, cuando se pueda estabilizar el Estado y las arcas públicas. De momento, la depreciación de la moneda está permitiendo que se recupere la inversión interna pero la agencia de calificación Fitch rebajó hace unos días la valoración de la deuda pública hasta por debajo del bono basura.





