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Medio ambiente

Ucrania, Rusia y Bielorrusia no se olvidan de Chernóbil

Por Luis Lautenschlaeger FeijóoTiempo de lectura3 min
Sociedad26-04-2016

Se cumplen 30 años de la explosión atómica más aterradora del planeta. Un 26 de abril de 1982 estallaba el reactor nuclear de la central de Chernóbil, liberando una nube de radioactividad a la atmósfera y provocando graves efectos en el paisaje y población de Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Este martes, los tres países conmemorarán la tragedia y realizarán varios actos en honor a los fallecidos.

Treinta años después aún pesan los efectos de la mayor explosión radiactiva de la historia en la central de Chernóbil. A pesar del paso del tiempo la vida humana en la zona sigue siendo inexistente y el terror continúa en la consciencia de los ciudadanos de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, los países más afectados. Los tres celebran este martes el aniversario de la detonación que cambió sus vidas.

La tragedia tuvo lugar durante la madrugada del 26 de abril de 1986. Tras un error durante una prueba de seguridad se sucedieron las explosiones en el reactor número cuatro de la central, lo que provocó la liberación a la atmósfera de una radiación superior a la de 500 bombas atómicas del calibre de las de Hiroshima. Debido a ello, más de 150 personas se vieron obligadas a abandonar sus hogares y alejarse por lo menos 30 kilómetros, hasta donde se aisló la zona, que a día de hoy continúa despoblada.

Las consecuencias que tuvo dicha explosión alcanzaron límites insospechados, tanto para la naturaleza como para los habitantes de los zonas circundantes. A pesar de que los datos oficiales solo recogen 31 fallecidos directos a causa de la radioactividad, el número se ha visto multiplicado durante los últimos 30 años, superando los 200.000. Además, son incontables los nacidos con deformidades o enfermedades 

El principal problema fue la rápida expansión de la nube radioactiva, desde Ucrania hasta Rusia y Bielorrusia. En el país liderado ahora por Vladimir Putín, una quincena de regiones resultó afectadas, aunque los daños fueron mucho peores en Bielorrusia, donde llegó al 23% de la superficie del país, especialmente las regiones de Gómel y Magiliov, donde vivían 2 millones de personas. En cambio, es la nación que parece más dispuesta a cambiar la situación y poner fin a la tragedia. “Se puede llorar, sufrir y quejarse, pero hay que tratar de cambiar la situación. Hay que  organizar la ayuda para intentar recuperar esta tierra para vivir y cultivar productos aptos para el consumo”, aseguraba  el ministro de Exteriores de la nación, Vladímir Makei.

A día de hoy se continúa trabajando para controlar la radiación de la central, pese que Chernóbil se encuentra en proceso de cierre desde el año 2000. De esta forma, se espera para el próximo noviembre la construcción de un  “arco” que protegerá al sarcófago construido sobre el reactor afectado de cualquier posible fuga. El proyecto, en el que participan el Banco de Reconstrucción Europeo y 28 países, cuesta 2.500 millones de euros.

Para celebrar el aniversario de la tragedia, tanto en Bielorrusia, como Rusia y Ucrania se llevarán a cabo actos en honor a los fallecidos y afectados, tanto los habitantes de las zonas cercanas como los trabajadores que lucharon para combatir los peligros de la radioactividad y hacer más seguros los alrededores. El máximo mandatario ruso, Vladimir Putín, ha querido enviar un mensaje y destacar el trabajo de miles de profesionales que dieron su vida por la seguridad de los demás. “La magnitud de la tragedia pudo ser inconmensurablemente mayor de no haber sido por el valor ejemplar y sacrificio de los bomberos, militares y médicos, que cumplieron con honor su deber profesional y ciudadano. Mucho de ellos sacrificaron sus vidas en aras de la salvación de otros”, afirmaba. En Ucrania, por su parte, durante la madrugada se llevaron a cabo varias vigilias y el presidente del país, Petró Poroshenko, acudirá a la zona de exclusión a lo largo del día, precedido por las protestas de trabajadores de la central que exigen en Kiev que se les devuelvan las ayudas y beneficios sociales perdidos en los últimos años.