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GRECIA

El eco de los comicios griegos sigue alarmando a Europa y los mercados

Por Selene PisabarroTiempo de lectura3 min
Internacional06-02-2015

Los efectos del huracán Syriza se han hecho notar desde el primer momento. Durante los tres primeros días en los que se proclamó ganador, los mercados bursátiles experimentaron una de las mayores caídas, aunque durante los últimos días se han recuperado desde que el ministro de economía advirtió de que no pedirían una quita o el impago de la deuda. Además, el Gobierno de Alexis Tsypras ha decidido esperar para implantar las medidas sociales de carácter urgente.

Desde que Syriza ganó las elecciones el pasado 25 de enero, los mercados se han tambaleado. Una vez que se conoció la victoria de la coalición de izquierda radical, contraria a la troika, la Bolsa de Atenas se desplomó durante los tres días siguientes un 9,24% y la prima de riesgo a diez años se disparó por encima de los 1.000 puntos básicos. Ahora la rentabilidad que se exige a los inversores para comprar deuda a diez años es del 9,6% y a 5 años del 12,72%.

Las primeras reacciones de los nuevos planes del Gobierno heleno hicieron temblar a los mercados y a los políticos europeos. Muchos de ellos calificaron de peligro para la economía de la UE la victoria de Syriza. Es el caso de David Cameron, quien pronunció la anterior frase. En Francia, en cambio, su homólogo François Hollande, recordó el estrecho vínculo entre su país y Grecia y solo deseó que siguieran cooperando, mientras que la ultraderechista Marine Le Pen se alegró por el ganador porque de esta manera se le da la espalda a la Unión Europea.

Desde el Parlamento Europeo, primera puerta a la troika –unión formada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional-, su presidente Martin Schulz, ya advirtió que no existe la posibilidad de una posible quita de la deuda griega. Posición que ha reafirmado la troika a lo largo de la semana y que ha hecho retroceder y modificar los planes iniciales de Syriza.

Aun así, una vez asentados y tras casi dos semanas, los mercados se han tranquilizado. A ello ha contribuido el nuevo ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, que reconoció el lunes pasado que no se pediría ni una quita ni el impago de la deuda a la troika, si no que desde su Gobierno barajarían otras opciones. Esto supuso una subida en dos jornadas del 11% en Atenas –un incremento insólito en los últimos 24 años- y la imposición de números positivos en todos los mercados de Europa.

Sin embargo, aunque estos datos parezcan agradables a la vista, no pueden maquillar las dificultades financieras que atraviesa el país. Tres de los cuatro bancos más importantes helenos han acudido a la línea de Asistencia de Liquidez de Emergencia (ELA, por sus siglas en inglés), que gestiona el BCE a través del central de Grecia desde el 21 de enero. Se estima que en estas dos semanas han pedido alrededor de 2.000 millones de euros debido a la retirada de depósitos. Es más, en apenas dos meses, se han perdido el 8,5% de los depósitos, unos 14.000 millones de euros.

Actualmente, la deuda griega está calificada como bono basura, es decir, los bancos no tienen liquidez y tampoco pueden entregar bonos griegos al BCE para obtenerla, al menos que el Gobierno de Syriza mantenga los planes de rescate que deberán negociarse a finales de mes. Aún no está claro si Grecia tendrá un nuevo rescate o establecerá nuevos acuerdos con los Estados miembro de la UE, aunque lo que sí está claro es que se trata de un constante tira ya afloja entre ambas partes.

Una de las primeras que pretendía implantar Tsipras en el primer día de su Gobierno fue incrementar el salario mínimo hasta los 751 euros. Sin embargo, no era tan fácil como parecía, ya que las medidas sociales “de urgencia” necesitaban un mayor consenso para conseguir restablecer el poder adquisitivo de los griegos y terminar con las personas en riesgo de exclusión.  

Las pequeñas y medianas empresas griegas, las pymes, piden al Gobierno que no actúe de manera unilateral, ya que de esa manera solo conseguirán ahogarles. Este incremento del salario, unido a la falta de crédito de los empresarios, no les permite continuar con una planificación del negocio. Esto, sin contar que un tercio de las empresas no han podido pagar sus impuestos en 2014 y el 35% tampoco lo ha hecho con la seguridad social.