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DÍA DE LA CONSTITUCIÓN

La Carta Magna vive sus horas más bajas

Por Selene PisabarroTiempo de lectura3 min
España06-12-2014

Nada se parece al año 1978, cuando siete líderes políticos de distintos partidos lograron llegar a un acuerdo y establecer unos principios comunes para todos los españoles. Así es como el 6 de diciembre de ese año, tras numerosas reuniones, entró en vigor la actual Constitución. La que es la octava Carta Magna de España –la primera fue en 1812- ha abandonado aquella etapa boyante para situarse en boca de todos sus detractores, entre los que se encuentran algunos de sus padres.

Los creadores de la nueva norma suprema en España fueron llamados Padres de la Constitución, aunque de ellos, sólo quedan con vida tres: Miguel Herrero de Miñón (UCD), José Pedro Pérez Llorca (UCD) y Miguel Roca (Minoría Catalana). Los otros cuatro, Gabriel Cisneros (UCD), Manuel Fraga (AP), Gregorio Peces Barba (PSOE) y Jordi Solé Tura (PCE) han muerto en los últimos años. Todos ellos procedentes de partidos políticos con ideas enfrentadas, a veces muy difíciles de consensuar en los 169 artículos que encarnan su nombre. Se trataba de la primera constitución tras la anterior republicana, que databa del año 1931, ya que las Ocho Leyes Fundamentales del régimen franquista no nacieron de la soberanía del pueblo. Su éxito recae en que ha sido la Carta Magna de la Transición, de la época del cambio de un gobierno dictatorial a una democracia. Es por eso que ha sido muy aplaudida, además de porque nació de la voluntad popular, sin importar la ideología e, incluso, proclamaba a España como Estado aconfensional. Como curiosidad, Camilo José Cela –premio Nobel de literatura- se encargó de revisar uno por uno la redacción de los artículos. Ahora, 36 años después, la Constitución atraviesa su etapa más débil después de que un referéndum soberanista en Cataluña haya intentado fragmentar la unidad de España y violar el artículo 2 –sobre la indisolubilidad de España- o de que numerosas voces pretendan reformar uno a uno sus artículos, o lo que es lo mismo, intenten abolirla para crear una nueva. Solo ha tenido dos reformas, en 1992 y 2011, frente a las 60 de Alemania o a las 40 de Alemania. Las cifras perturban en pleno 2014 y 36 años después de la aprobación de la Carta fundamental. Alrededor de un 37 % de los españoles son partidarios del actual texto, lo que indica también que un 70 % está insatisfecho con la democracia. Es por ello que el 60 % quiere que se modifique la Constitución frente al casi 20 % que prefiere que no haya ningún cambio. Aunque no hay mayorías significativas, muchos de los que abogan por el cambio, quieren que se supriman las autonomías o que exista una mayor centralización, frente a los que apoyan el autogobierno. Muchas de estas personas piensan que la Constitución era correcta a los tiempos en los que se firmó, pero que ahora no se adapta puesto que se trata de una época diferente con distintas necesidades. Esta realidad se traslada al Congreso donde los partidos piden al presidente del Gobierno que les permita presentar iniciativas para modificar los preceptos. Sin embargo, Rajoy es claro y ya ha advertido en multitud de ocasiones que no se dejará coaccionar por quienes pretenden que se disuelva la unidad y la soberanía de España o que queden desprotegidos los derechos individuales. Pero los Padres de la Constitución tampoco se han quedado atrás. Ellos, los que la vieron nacer, la han criticado por no pertenecer ya al tiempo moderno y porque se puede mejorar pero también han tratado de defenderla. Por ejemplo, Miguel Roca –que ahora es el abogado de la infanta Cristina en el Caso Nóos-, se muestra partidario de que haya un referéndum en el que Cataluña decida si quiere permanecer dentro de España, al igual que ha criticado al Tribunal Constitucional después de todas las trabas que puso al Estatuto de Autonomía catalán. Lo mismo piensa Miguel Herrero de Miñón pero aplicado al País Vasco, donde piensa que debe existir un Derecho a la Autodeterminación. Sin embargo, Pérez Llorca, apartado de la vida política pero que reapareció por la abdicación del rey Juan Carlos, defiende a capa y espada la Carta Magna, a la vez que la figura del monarca –otro precepto también muy discutido en la Constitución-.